La característica más particular de los nuevos barcos del grupo Ulstein (Noruega) es la proa llamada X BOW. Son embarcaciones diseñadas para navegar en condiciones climáticas extremas; su proa invertida actúa como rompeolas que permite mantener la velocidad a pesar del mal tiempo. En 2005, Ulstein recibió por este diseño el premio Proeza de Ingeniería. El primer barco con este tipo de proa, el Bourbon Orca recibió el premio Barco del Año 2006 de parte de la publicación nórdica Skipsrevyen y de Offshore Support Journal.
El nombre de Orca queda como anillo al dedo. La nave tiene el aspecto de un monstruo marino, una horrible ballena.
El video anterior tiene algo siniestro y triste... Muestra un aspecto mórbido de la humanidad: el mediocre intento de dominar la naturaleza.
“El bien más alto posible en el mundo, y, en cuanto está en nosotros, el bien físico que hay que perseguir como fin final es la felicidad, bajo la condición subjetiva de la concordancia del hombre con la ley de la moralidad, como lo que le hace digno de ser feliz. Pero estas dos exigencias de fin final que nos es propuesto por la ley moral es imposible que nos las representemos... como enlazadas por meras causas naturales...” (Kant, 1990: 442-443).
De esta convicción, Kant concluye que es necesaria la existencia de una causa moral del mundo, un creador, que es la base de la ley moral. Al no poder concebir un nexo causal entre la ley moral y la acción, Kant imagina un principio metafísico que los enlace y los vuelva necesarios. Sin este principio metafísico que articule la ley moral y la acción es imposible inferir consecuencias –favorables o desfavorables- de la obediencia o desobediencia de las normas sociales o de las costumbres o de los preceptos morales que nacen en la interacción social. Tales consecuencias no pueden identificarse como acontecimientos propiciados causalmente y sin la interferencia de un tercer agente exógeno que produzca alguna reacción, no son susceptibles de verificación empírica.
“De la violación de una regla técnica válida se siguen consecuencias que en cierto modo guardan un nexo interno con la acción: la intervención en el mundo fracasa. El fin que se pretende no se realiza, produciéndose el fracaso de forma automática. Entre la regla de acción y la consecuencia se da una relación empírica o nómica. Por el contrario, la violación de una regla moral tiene como consecuencia una sanción que no puede entenderse como un fracaso que se produzca de forma automática… Así, por ejemplo, del concepto de comportamiento no higiénico pueden inferirse consecuencias empíricas, mientras que conceptos como asesinato o suicidio no tienen ningún contenido empírico comparable” (Habermas, 1990: 71).
Implícita en la noción de movimiento está un nexo causal empíricamente verificable: es posible remitirse a una causa que desencadenó el movimiento de un objeto cualquiera y de ahí inferir otros aspectos como su dirección o aceleración. No sucede lo mismo en cuanto a los castigos que son ejercidos por la violación de determinados preceptos morales; la acción punitiva no acontece por nexos necesarios. La noción de “asesinato” no implica en sí misma ningún castigo ni arroja indicios sobre el carácter de éste o el modo en que ha de ser aplicado. Entre “asesinato” y “cárcel” o “pena de muerte” no existe ninguna vinculación analítica: el acto y la consecuencia guardan una relación sintética.
Dado que la moral no puede ligar su autoridad a la utilidad inmediata que se extrae de su cumplimiento, es forzoso echar mano de otros mecanismos que anulen la resistencia fundamental de la naturaleza a tales reglas y motiven su observancia. Principalmente, es necesario que el individuo añada las reglas a su memoria y acople a ellas su acción mediante el recuerdo y el temor de las sanciones.
“Es posible imaginar que ese antiquísimo problema no fue resuelto precisamente con respuestas y medios delicados, tal vez no haya, en toda la prehistoria del hombre, nada más terrible y siniestro que su mnemotecnia. «Para que algo permanezca en la memoria se lo graba a fuego; sólo lo que no cesa de doler permanece en la memoria»… Cuando el hombre consideró necesario hacerse una memoria, tal cosa no se realizó jamás sin sangre, martirios, sacrificios… las mutilaciones más repugnantes (por ejemplo, las castraciones), las más crueles formas rituales de todos los cultos religiosos… En cierto sentido, toda la ascética pertenece a ese campo; unas cuantas ideas deben convertirse en algo imborrable, omnipresente, inolvidable, en ideas «fijas», con la finalidad de que todo el sistema nervioso quede como hipnotizado por tales ideas… a fin de dominar sus básicos instintos plebeyos y la brutal rusticidad de estos, habría que pensar en los antiguos castigos alemanes, por ejemplo la lapidación (la leyenda hace caer la piedra del molino sobre la cabeza del culpable), la rueda (la más característica invención y especialidad del genio alemán en el terreno de los castigos), el empalamiento, el hacer que los caballos desgarrasen o pisoteasen al reo (el «descuartizamiento»), el hervir al criminal en aceite o vino (todavía en uso en los siglos XIV y XV), el muy apreciado «desollar» (sacar tiras de piel)… Con ayuda de tales imágenes y procedimientos se acaba por retener en la memoria cinco o seis «no quiero>>, respecto a los cuales uno ha dado su promesa con el fin de aprovechar las ventajas de la vida en sociedad… con la ayuda de esa especie de memoria se acabó por llegar a «la razón», a la seriedad, al dominio de los afectos” (Nietzsche, 2000: 70-73).
La obediencia voluntaria con respecto a los patrones morales tiene su origen, según Nietzsche, en la represión de la naturaleza o el “dominio de los afectos” por medio de la violencia organizada y dirigida contra el individuo, el cual,ajustado a las normas se vuelve “calculable”. El orden tradicional, sin embargo, cumplió durante muchos siglos una función básica de cohesión social. La división en órdenes, la superioridad jerárquica de los nobles y las autoridades religiosas con respecto a los plebeyos y campesinos garantizaba el orden y el respeto de la autoridad y las leyes. Sin una estructura jerárquica que determinara la obligatoriedad de las normas no era posible establecer un orden basado en la obediencia. A este respecto, la separación de lo sacro y lo profano interiorizaba, con ayuda de la violencia ritual, el deseo de cumplir con lo establecido o, de lo contrario, someterse al castigo respectivo. Si en un principio no existía una relación empírica entre la desobediencia de las normas y el castigo -si la violación de tales normas no traía consigo una consecuencia inmediata-, ahora elcastigoinvertía su posición: se fundaba como causa. Al efectuarse esta inversión, el castigo precede a la acción, y ésta se reduce o se acopla a aquél.
Para fundarse como causa, el castigo debe preceder a toda acción posible, operar de algún modo antes de que la acción se realice, y así desenvolverse en su carácter preventivo. Para ello no es necesario que el castigo se sienta en carne propia, basta con que pueda recordarse en su aplicación a otras personas. Este recuerdo coacciona al individuo a través de una forma de dolor que aún no se produce, sino que se encuentra en estado latente; el miedo a este riesgo potencial de dolor y sufrimiento debe ser suficiente para inhibir la inclinación de los hombres a violar la ley.
El castigo como forma preventiva –anterior a la acción- precisaba estar sujeto a la vista pública: cuanto más expuesto a la mirada de la gente, mayor era su efecto. Si la finalidad del castigo era provocar temor, su efectividad era mayor cuanto mejor se lograba interiorizar en los espectadores el dolor de los condenados. La obra maestra de esta forma de castigo público era lograr que aquellos que presenciaban el tormento de los condenados experimentaran casi en carne propia, a flor de piel, parte del mismo dolor. El momento –lleno de cierto dramatismo sublime– en que los mirones encogen la cabeza o los hombros (se fruncen) ante un golpe que debió doler como propinado por la mano del diablo, mismo dolor que se transmite, con fría sutileza, a sus propios cuerpos. El suplicio público era, ante todo, una forma en que la autoridad se hacía sentir sobre los gobernados, pero esto sólo ocurría en la medida en que la representación del sufrimiento cobraba fuerza escénica y lograba que los espectadores interactuaran con la representación. La personificación del suplicio público era la encarnación del poder, proceso mediante el cual la potestad del soberano cobraba cuerpo en la acción de los aparatos represores. La naturaleza ejemplar del castigo garantizaba la obediencia bajo la amenaza del ejercicio del poder, puesto que representaba la capacidad de los aparatos del gobierno para vencer a sus enemigos: el momento fatal en que los delincuentes eran finalmente neutralizados y sometidos a la acción punitiva, cuando la fuerza del soberano daba en el blanco. Sólo así se garantizaba el orden social: los individuos no eran más que eslabones de ese orden ya que se encontraban al alcance del aparato de violencia que el soberano ponía en marcha. Los instrumentos de los cuales se servían estos aparatos rozaban en todo momento el cuerpo de los gobernados; en cuanto éstos cruzaban los límites establecidos por la ley, sus cuerpos eran ineluctablemente alcanzados por tales instrumentos.
El suplicio físico es, a un tiempo, expiación de las faltas cometidas y prevención de las faltas subsiguientes: aplicación de justicia y ejercicio de comunicación. Las convulsiones del cuerpo, los gritos, la sangre, la ferocidad anónima y sigilosa de los verdugos, los uniformes, los iconos sacros estampados en instrumentos de tormento y sembrados a lo largo de la escena tétrica representan, de una vez y para siempre, la expiación de los crímenes y los pecados; son símbolos que comunican a los presentes el dolor de los condenados a través de una forma particularmente traslúcida: el “aquí y ahora” del dolor en penitencia armoniza con la infinitud de la autoridad punitiva. Ejemplo, puesta en evidencia y demostración de la autoridad, convergencia del sentido y la acción. La zona vacía que delimita el borde de la Ley -el espacio no abarcado por el lenguaje y la razón, y que marca la relación sintética entre la violación de normas socialmente establecidas y el castigo-, era colmado por la acción ejemplar que tomaba cuerpo en el castigo público.
En el cuerpo de los condenados se ejerce una función doble. Por un lado, una fuerza punitiva operante hacia el interior, que encarna el dolor y lo vuelve testimonio presencial de la fuerza de la autoridad, interiorizando las leyes. Por otro lado, una fuerza punitiva operante hacia fuera, como lección ejemplar y penitencia para aquellos que presencian el suplicio, fuerza que se imprime a la vez en el cuerpo de los condenados, en las heridas y más tarde en las cicatrices.
“La penalidad debe ser una ciencia de efectos minuciosamente calculados en función de una observación psicológica. Es un conjunto de penas regulares, graduadas, proporcionales y adecuadas al delito (se debería castigar la violación con la castración), populares (siendo impopular la castración, no se la practicará), ejemplares, espectaculares, castigos que, echando mano a los recursos de lo imaginario, movilizan todo el poder y el matiz de una semiología refinada. El castigo es ante todo un arte de la dirección escénica propia para suscitar el temor… Es conveniente señalar el que ha llegado a desfigurarse. Esa marca debe ser evanescente e indeleble, según sea el encarcelamiento temporal o perpetuo… La parte del cuerpo para enmascarar será elegida en función del delito, de aquello que se quiere significar y a quien quiere dirigirse. Se grabará la moneda falsa en la frente de aquel que la haya fabricado. Así el castigo se leerá a libro abierto” (Bentham, 1989: 159-160).
La acción punitiva que opera hacia fuera y se deja sentir en los espectadores del suplicio se realiza entonces en función del dolor sólo en la medida en que lo que duele deja rastros, lo cual puede lograrse también sin provocar dolor físico. La ceremonia del suplicio puede llevarse a cabo bajo la premisa de someter a los condenados a escarnio público. Para ello no es necesario lastimar el cuerpo, basta con añadir algún símbolo de ridiculez o extravagancia a la apariencia física de los condenados para provocar la burla de los circunstantes.
Tal es el carácter que tenía para la Inquisición el sambenito, que consistía algunas veces en una túnica, un capotillo o un escapulario que se colocaba sobre los penitentes por el tribunal eclesiástico y otras veces en un letrero que se ponía en las iglesias con el nombre y castigo de los penitenciados[1]. El sambenito solía colocarse a los condenados para pasearlos descalzos por la ciudad, antes de ejecutar la sentencia, y se exhibía aún después de ejecutarla, para mantener la memoria y el ejemplo de la sanción. Con motivos que aludían a la pena, el sambenito ostentaba una cruz de San Andrés en el caso de los delitos leves, y llamas y demonios cuando se trataba de delitos graves que serían castigados con la pena de muerte.
___________________________
BIBLIOGRAFÍA
BENTHAM, Jeremy. El Panóptico; pról de Michel Foucault. México, Premia, 1989.
HABERMAS, Jürgen. Teoría de la acción comunicativa. Buenos Aires, Taurus, 1990.
KANT, Immanuel. Crítica del juicio. Madrid, Espasa Calpe, 1990.
NIETZSCHE, Friedrich. Genealogía de la moral. México, Grupo Editorial Tomo, 2000.
[1] Tomamos estas definiciones de “sambenito” del Diccionario RAE.
Yo daría casi cualquier cosa por el poder de viajar en el tiempo. La literatura es lo que más me acerca a ello. El pasado y el futuro suelen interesarme más que el presente. Pese a todo, creo que algo está cambiando. Recuerdo que cuando era niño, iba a la escuela deseando que el tiempo pasara rápido, para que pronto llegara el viernes. A veces mis deseos se cumplían y cuando llegaba el viernes, saludaba a todos con una sonrisa triunfal y decía: ¡ya es viernes! ¡la semana se me pasó de volada!
Ya no es lo mismo. Ahora cuando la semana se me pasa de volada, me siento estafado por la vida, lacaya de la muerte. La velocidad del tiempo me duele. Sentir que se acerca la muerte de mis padres, que algunos de mis amigos, entre los pocos que tengo, empiezan a transformarse en lo que siempre aborrecieron, que el niño que fui se aleja hacia la otra orilla, riéndose para sus adentros, feliz de que para él no importa el tiempo. Sentir la mano de mi novia envejecer, lentamente, sobre la mía, presentir el cansancio y las dolencias de la vejez; saber que mientras más viernes se acumulan, el final está más cerca. La gente dice que recordar es vivir de nuevo, que uno vuelve a ser joven. Mentiras. Lo vivido no se vuelve a vivir, se lo lleva la chingada. A lo mejor la doctrina del eterno retorno no es más que el miedo al paso del tiempo, el consuelo metafísico de algunos viejos melancólicos.
__________________________________________
Con música, la melancolía es dulce. La música, hecha de tiempo, lo hace gozoso.
Diamanda Galás canta sobre un poema de Miguel Huezo Mixco.
Si la muerte viene y pregunta por mí haga el favor de decirle que vuelva mañana, que todavía no he cancelado mis deudas ni he terminado un poema ni he ordenado mi ropa para el viaje ni he llevado a su destino el encargo ajeno ni he echado llave en mis gavetas ni he dicho lo que debía decir a los amigos ni he sentido el olor de la rosa que no ha nacido ni he desenterrado mis raíces ni he escrito una carta pendiente, que si siquiera me he lavado las manos ni he conocido un hijo ni he emprendido caminatas en países desconocidos ni conozco los siete velos del mar ni la canción del marino. Si la muerte viniera diga por favor que estoy entendido y que me haga una espera, que no he dado a mi novia ni un beso de despedida, que no he repartido mi mano con las de mi familia ni he desempolvado los libros ni he silbado la canción preferida ni me he reconciliado con los enemigos; dígale que no he probado el suicidio ni he visto libre a mi gente. Dígale si viene que vuelva mañana que no es que la tema pero ni siquiera he empezado a andar el camino.
Hace un momento veía en televisión (puta qué pena we, pero sí) la película Closer, con la agraciadísima Natalie Portman y la not so pretty woman Julia Roberts. Los personajes son todos muy inteligentes y ácidos, saben exactamente qué decir y en qué momento decirlo. Por ejemplo, la Portman, vestida de nínfula teibolera, le dice a un stud: I’m not your revenge fuck. El film me parece bueno, modestamente bueno.
Closer es más o menos entretenida (entiéndase esta palabra como se quiera, da lo mismo) por su acidez o irreverencia straightforward, onda Dr. House. Doctor House ha sido un fenómeno curioso. La “filosofía” de Dr. House es una escuela televisiva cuya meta es armar un ejército de irreverentes. Ahora Dr. House cuenta también con escuela de libros, la rama (¿debería decir la garra o la zarpa o la pata ortopédica?) literaria de Doctor House. No quiero leer el libro que “escribiría Doctor House si pudiera escribir uno”, ni siquiera para “sustentar mis opiniones con investigación” (porque en el blog no existen esas reglas o son opcionales), así que simplemente piqué lo primero que apareció en Google. Informa el sitio que el libro se llama Dr. House. Guía para la vida, título que parece aludir con torpeza y cortedad a La vida instrucciones de uso. Dice también que su autor, un tal Toni de la Torre, “nos enseña todos sus trucos para convertirnos en triunfadores: maleducados, arrogantes, antisociales, politicamente (sic) incorrectos, etc. etc. Al final de cada capítulo tenemos ejercicios para ir viendo nuestros progresos y comprobar si vamos por el buen camino de convertirnos en alguien parecido al popular personaje televisivo”.
No me sorprende, pero me llama mucho la atención, el hecho de que buena parte de las personas que he conocido reflejan conductas adquiridas en la tele. Desde Big Brother hasta las telenovelas y las series gringas, todas esas producciones han construido una audiencia que imita e imposta las personalidades que aparecen en pantalla, como si los espectadores no fueran sino medios o instrumentos de esas personalidades, marionetas a control remoto, antenas repetidoras de carne y hueso.
¿Y cuál es mi problema, a mí que me importa lo que le guste a la gente?, podría preguntarse. Lo que pasa es que no cuadra el hecho de que las personas que antes me decían que no fuera antisocial, que mostrara educación, que respetara las normas, que obedeciera a la patria o a la religión o a la empresa, estudien ahora la Guía ParaLa Vida del Doctor House para volverse maleducados, arrogantes, antisociales, politicamente (sic) incorrectos, etc, etc. Porque lo maleducado se vuelve lego, lo arrogante se vuelve pedestre, lo antisocial se vuelve hipócrita, lo políticamente incorrecto se vuelve politicamente (sic) incorrecto. Se produce el irreverente irrelevante, el irreverente reverente, el irreverente ignorante, el ave de uñas negras, el cernícalo.
A pesar de todo, debo añadir que había un detalle interesante en el sitio que visité, una cita: “Vivir no es necesario, navegar sí” –Pompeyo.
Mafufo es el ridículo que se comete con enorme aparato, a lo grande. Por eso en México se habla de una película mafufa cuando se gastan enormes recursos en escenas ridículas. Sin embargo, lo mafufo es casi siempre risible: es un modo de reírse de lo absurdo.
Indagando en la web el significado de esta palabra (la definición del diccionario de la RAE: "loco" no me satisface) encontré un blog dedicado a compilar escenas mafufas. Aquí algunos greatest hits.
1. La ya clásica caída del reportero de TV Azteca en Tlalnepantla. ¿Es más mafufo el reportero o los conductores?
2. Los cuatro goles más tontos de la historia. El último (o sea el primero) no tiene madre, es perfectamente estúpido.
3. En este otro se parodia muy graciosamente a dos clichés de la cultura pop.
4. Ejemplo de una película mafufa, aquí se representa una pelea que sorprende por el horror de su ridiculez.
"El terrorista quiere derrocar a dios, reconvertirse en dios para robarle el derecho de matar".
-Albert Camus.
1. El terror como espectáculo
A propósito de los atentados del 11 de septiembre, Jean Baudrillard sentenció que muchos soñamos esos fatales aviones, los deseamos con tanta vehemencia que se volvieron reales. "En última instancia -escribe en su artículo El espíritu del terrorismo- son ellos quienes lo propiciaron, y nosotros los que lo quisimos". En el análisis de Baudrillard el terrorismo representa la muerte voluntaria de Occidente, el suicidio contagiándose como un virus, mucho más rápido que el sida, y, al mismo tiempo, el suicidio colectivo que la sociedad se da a sí misma como espectáculo. Las torres, más que desplomarse tras los avionazos, se suicidaron. Y fue un espectáculo asombroso.
Yo no puedo saber, como Baudrillard, si todos quisimos o soñamos el 11 de septiembre. Sé que yo no lo quise, pero sí lo vi en la televisión como espectáculo. No estuve ahí, no supe ni sabré nunca el drama humano que hay detrás de esa imagen que sólo puedo conocer como símbolo. Pero el terrorismo puede contemplarse como espectáculo sólo en la medida en que uno no forma parte del espectáculo.
2. El Grito de Dolores en Morelia
Al contemplar los ataques del 11 de septiembre como espectáculo, muchos pudimos decir que "los gringos se lo merecen por ojetes" o algo por estilo, sentados cómodamente frente a la televisión mientras comíamos rosetas de maíz. Pero el 15 de septiembre del año pasado llegó el tiempo de reconocer que la escena del terorrismo ya nos absorbió. Ahora estamos del otro lado de la tele y cualquiera de nosotros es vulnerable.
Aquel 15 de septiembre fuimos testigos del grito más desgarrador que se ha escuchado en México en mucho tiempo. No fue el tradicional Grito de Dolores, sino el Grito del Terror. Un grito que sacudió la historia mexicana y removió nuestro largo pasado de violencia y odio, nos anunció la nueva violencia que ha de venir, nos recordó que hoy, a casi 200 años de la Independencia, seguimos en guerra.
Y en este Grito de Terror todos nos converimos en sospechosos, cualquiera de los miles que festejamos en esa noche mexicana de gritos y plomazos. La plaza Melchor Ocampo en Morelia fue por ese día el escenario en miniatura de la fiesta de balas que se celebra en México y en todo el mundo. El gobernador Leonel Godoy gritó ¡Viva México!, escuchó el eco de sus propias palabras multiplicarse en miles de gargantas; hizo tronar las campanas al unísono con el júbilo extático de la multitud y las granadas de fragmentación. Obsérvese el video con atención. Al escuchar el estallido Godoy sonríe, como excitado por el estruendo. Su expresión parece decir: '¡sí, carajo, que truene todo!, que revienten todas las campanas y que todos griten la victoria de México'.
3. ¿Narcoterrorismo o autoatentado?
El entonces embajador de Estados Unidos en México, Tony Garza, se apresuró a hablar de "narcoterrorismo". Le hicieron eco el gobernador Leonel Godoy y el ahora fenecido secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño. Las autoridades mexicanas presentaron como culpables a Juan Carlos Castro Galeana, Julio César Mondragón Mendoza y Alfredo Rosas Elicea, quienes supuestamente fueron capturados tras una "llamada anónima". Los tres confesaron ser culpables. Luego se supo que la "confesión" les fue arrancada mediante crueles tormentos.
Así lo explica el periodista José Reveles en su libro Las historias más negras de narco, corrupción e impunidad en México:
"Balbuceantes, golpeados y con el pánico asomado en sus rostros, así fueron presentados a los medios Juan Carlos Castro Galeana, Julio César Mondragón Mendoza y Alfredo Rosas Elicea. 'Levantados' en Lázaro Cárdenas, Michoacán, fueron torturados hasta lo indecible para que se aprendieran el libreto de su propia culpabilidad. No podían siquiera describir una granada, pero confesaron haberlas lanzado y ser autores de las ocho muertes y más de 100 heridos (...) Las tres esposas aportan pruebas de que sus maridos fueron levantados los días 18, 21 y 23 de septiembre, torturados física y psicológicamente al extremo de que uno debió permanecer una semana en el hospital con las costillas rotas, y 'puestos' en una casa en Apatzingán".
Cumplido un año, las autoridades mexicanas han sido incapaces de encontrar o castigar a los verdaderos culpables. Sobre las causas de los hechos en Morelia sólo queda, como siempre, una suma de hipótesis y teorías de conspiración: enfrentamiento entre narcos por el control de la ciudad, reacción de la delincuencia organizada por el decomiso de drogas, reto directo a la Federación por parte de los cárteles de la zona, amenaza contra la ciudadanía para evitar que denuncie a los delincuentes, autoatentado de parte del gobierno para legitimar y endurecer la "guerra contra el narco"...
Por desgracia, repetimos el título de aquella asombrosa novela de Daniel Sada, título que resume, con dolorosa exactitud, la ausencia de un verdadero sistema de justicia en México: Porque parece mentira la verdad nunca se sabe.
¿Quién iba a decir que en los inicios de este nuevo siglo el pesimismo sería la corriente de pensamiento imperante entre los mexicanos? En México –se repite constantemente– todo está mal. El empleo: mal. La educación: muy mal. La banca: pésima. La salud: ni se diga. La difusión de la cultura: estéril. La ciencia: exiliada. Dios: ausente.
Creo que el pesimismo es la crisis de las ideas, la angustia que viene tras el naufragio total del intelecto en el absurdo. Pero si la existencia carece de sentido, si la vida es absurda, ¿para qué existe la inteligencia? ¿por qué somos capaces de identificar y entender el sentido de las cosas? ¿no basta haber venido al mundo a sufrir, encima debemos pensar en ello?
Todos tenemos algo de pesimistas. Desconfía de quien no. Pero me parece que cada quien debería guardar su pesimismo para sus adentros y utilizarlo para prevenirse o martirizarse si quiere, no para difundirlo. Creo que no hay nada más pésimo que el pesimismo militante, aquel que, con sospechoso entusiasmo, anda por el mundo propagando la angustia, el desánimo.
Detesto a quienes anuncian el desastre con estadísticas. El CIDE publicó este año un sondeo según el cual el 66% de los mexicanos cree que la situación es peor que hace una década, y el 58 por ciento cree que la próxima será peor. ¿Para qué nos sirven estos datos? ¿Y por qué una institución de "investigación y docencia económicas" pierde tiempo y recursos en contabilizar el pesimismo?
¿Qué sentido tiene hacer política? No estamos condenados a estar juntos: cualquiera que no se sienta contento en sociedad puede aislarse y subsistir sin ningún contacto humano. Pero aquel que desee vivir en sociedad está obligado a hacer política. La familia, la amistad, el noviazgo, el matrimonio, son instituciones políticas.
Como están las cosas en México, somos muchos quienes sentimos ganas de huir, de aislarnos de esta sociedad sumida en el envilecimiento progresivo. En alguna parte de su Política, Aristóteles señala que al corazón humano le irrita mucho más ser ultrajado por un amigo que por un desconocido. Algo parecido experimentamos cuando el vecino tira sus basuras en la calle o desperdicia el agua, cuando el policía persigue la mordida y se hace de la vista gorda ante el delito, cuando el juez falla a favor de quienes pueden pagar la justicia con plata.
Hace poco leí un comentario de Heriberto Yépez que me impresionó mucho: "¿Tiene México compostura? El sentido común responde que sí, pero hace falta ser un bobo, miembro de algún partido o profesional de la retórica vacía para creer que México aún tiene salvación como proyecto humano. Nos hemos convertido en una amenaza grave para la existencia de la humanidad en este territorio. Esta cultura fracasó. Como narcopaís, donde imperan la fraudulencia, la corrupción, la pobreza económica y espiritual, la mentira mediática, la puerca ‘Neta’ popular, la absurda fe religiosa, la impunidad e irresponsabilidad total, la única solución es erradicar la cultura mexicana".
¿Qué debemos hacer? ¿Podemos simplemente desarmar el Estado y comenzar de nuevo? No, no es posible. Debemos, una vez más, hacer política.
Quizá habrá notado el lector, empero, que cada vez crece más el número de gente "apolítica", personas que prefieren mantenerse al margen de lo público y de la participación ciudadana, e incluso consideran aburrido o de mal gusto hablar de política. Hay personas que, por el hecho de vivir en México y tener políticos de quinta, están completamente seguras de que la política es una actividad esencialmente vil y aburrida. Y a su manera tienen razón, pero muchos no han reparado en el hecho de que ello no es pretexto para enterrar la cabeza en la tierra y hacerse el loco diciendo no oigo, soy de palo. Es muy fácil culpar al gobierno y desentenderse de la responsabilidad de vivir en sociedad.
Conviene preguntarse, entonces, qué tipo de política es posible en nuestros días. Entre politólogos es conocido el concepto de élite formulado por Gaetano Mosca: una élite es una minoría organizada que gobierna sobre una mayoría desorganizada. En la segunda mitad del siglo XX, sin embargo, surgieron diversos movimientos sociales que vinieron a amenazar esta noción: la mayoría se estaba organizando. Podemos observar que esta organización continúa, crece todos los días y es apuntalada por los medios de comunicación, el más importante, claro, internet.
Es cierto que las organizaciones de la sociedad civil (OSC) producen algunos buenos resultados. Pero lo que realmente se ha organizado y ha producido resultados importantes es el crimen. He ahí la peor pesadilla de las élites: frecuentemente el crimen está mejor organizado y tiene un mayor grado de disciplina que los aparatos del Estado encargados de mantener el orden.
A mi parecer, aquella persona que no está afiliada a partidos políticos ni OSC tiene sin embargo la capacidad de representarse y defenderse a sí misma ante el ágora, y para ello debe predicar con el ejemplo sus propios principios y valores cívicos. Creo que no puede esperarse que se repitan las gestas revolucionarias de principios del siglo pasado ni los movimientos juveniles como el de la generación del '68. Hoy cada quien pelea su propia revolución, su epopeya libertaria contra los demás y a veces contra sí mismo. Sólo un ingenuo o un zombi no ve que estamos en guerra. Y ya no podemos cifrar nuestras esperanzas en un Héroe o un caudillo que a la mera hora se ponga a llorar que le robaron las elecciones... La época de los Héroes se acabó con la Revolución: ahora cada quien es su propio Héroe o su propio Verdugo.
Borges planteó muchas veces que quizá algún día mereceríamos vivir sin Estado. Es sin duda una magnífica utopía, que nada tiene que ver con las orgías juveniles del anarquismo, sino con la construcción de un Individuo capaz de vigilar su propia conducta y ser congruente con sus principios éticos, sin necesidad de una coerción externa. También imaginar utopías es una forma de hacer política.
Tristram Shandy, como todos sabemos, empleó dos años en historiar los primeros dos días de su vida y deploró que, a ese paso, el material se acumularía invenciblemente y que, a medida que los años pasaran, se alejaría más y más del final de su historia. Yo afirmo que si hubiera vivido para siempre y no se hubiera hartado de su tarea, ninguna etapa de su biografía hubiera quedado inédita. Hubiera redactado el centesimo día en el centesimo año, el milésimo día en el milésimo año, y así sucesivamente. Todo día, tarde o temprano, sería redactado. Esta proposición paradójica, pero verdadera, se basa en el hecho de que el número de días de la eternidad no es mayor que el número de años.
Bertrand Russell, Mysticism and logic
lunes 3 de agosto de 2009
HOMERO: Padre, ¿por qué los entierran boca arriba? PADRE: Porque el diablo, para llevarlos al infierno, los toma por las nalgas, hijo. HOMERO: ¿Entonces Dios los toma por el… PADRE: Por el espíritu, hijo.
Amparo Dávila es una presencia subrepticia en la literatura mexicana. Constantemente aparece y desaparece, levanta la pluma, escribe de un zarpazo, y luego vuelve al silencio. Aunque relativamente escasa, la obra de esta singular escritora es sumamente intensiva, concentra la vastedad de sus temas (lo siniestro, la muerte, la soledad, la locura) en un número muy reducido de situaciones.
Con motivo de sus 80 años, el Fondo de Cultura Económica ha editado Cuentos reunidos, en donde se incluye un libro inédito, Con los ojos abiertos. Aunque no he leído el volumen, espero encontrar en él los mismos temas, el mismo aire de misterio y desolación: Amparo Dávila no es una escritora que ansíe "decirlo todo", "dar nombre a las cosas del mundo como el primer Adán"; a ella parecen disgustarle esos ademanes narcisistas, la composición de libros como ladrillos que ingenuamente creen tratar y agotar todos los temas.
Quizá por eso, la virtud que me parece más destacable en la obra de Amparo Dávila es la intensidad, entendida como la capacidad de concentrar una gran fuerza en un espacio reducido . Esta intensidad –que por momentos puede parecer insoportable–, es un rasgo fundamental en "Tiempo destrozado", el cuento que más me ha impresionado entre la obra de Dávila, un cuento caótico, cargado de una tensión inherente que sólo pueden lograr los mejores cuentos. Su intensidad se siente desde el principio. En las primeras líneas toma la palabra un abatimiento general, un rictus de dolor y alucinación, de desprendimiento del alma que se exorciza por el sufrimiento.
De pronto, con ritmo fulminante, la autora da rienda suelta a su fuerza destructiva, tentativa de segmentar el tiempo, troncharlo y moler los pedazos para propiciar nuevos enlaces. Se oye una música fragmentaria (contraria a la “música oscura y pegajosa” del principio) rompiendo todo a su paso, con la nostalgia culpable de una niña-mujer que contempla los trozos del tiempo en el suelo, un gran charco de sangre, peces muertos.
Pero el ritmo no es marcado únicamente por el crujir del tiempo destrozado, también hay un plutonismo ardiente, un quemar las imágenes y respirar las sustancias destiladas. “Todo fue ligero entonces y gaseoso. La sustancia fue el humo, o el sueño, la niebla que se vuelve irrealidad”. Y es que una buena parte del aprendizaje de la niña-mujer que narra la historia radica en comprender que no todo está hecho para la destrucción de las manos humanas: por eso cuando quiere cortar la tela con arabescos finos, segmentando quizá un tiempo que está más allá de la tela, de la niña-mujer y del árabe, éste le da una lección que no olvida nunca.
A fuerza de romper todo a su paso y quemar los elementos para transmutarlos, la niña-mujer termina siendo víctima de esa misma fuerza destructora: su yo se desliga de sí mismo, desgajándose en otros dobles que ella descubre con horror y que no quiere ser. Un yo duplicado que se sale del espejo (“Los espejos permanecían mudos, no reflejaban luz, sombra ni fuego…”) y se transfiere de una persona a otra, saliéndose de sí para contemplarse y entrar en conflicto consigo mismo. Después de correr de un esquivo a otro, el lector desemboca en la multiplicidad más inexorable: el yo que comenzaba a desarticularse “en el viento oscuro” termina por reduplicarse hasta desvanecer.
Al contrario de otros escritores que construyen estructuras con vastas correspondencias y simetrías, la autora de Tiempo destrozado no parece querer construir laberintos, sino romperlos... Quizá sugiere con ello que romper un laberinto es multiplicarlo.
1. Michael Jackson vendió su alma al diablo para cantar y bailar como lo hacía y para volverse blanco. Cuando se cumplió el plazo, 50 años, el diablo se lo llevó y lo hizo negro otra vez.
2. Todo persona que toma un micrófono o cualquier instrumento para interpretar música pop, en el fondo desea que su juventud nunca se acabe, no tener responsabilidades ni tener que trabajar. Lo mejor en esos casos es morir joven ("live fast, die young"), como Cobain, Lennon, Hendrix & Co. También, claro, se puede envejecer más o menos dignamente, con el alma joven, como los Rolling Stones. Michael Jackson sin duda quiso ser Peter Pan, se repitió concienzudamente: "no crecerás, no crecerás, no crecerás, no crecerás". Pero creció. Cuando se dio cuenta, no le quedó otra alternativa que morirse de un último pasón.
3. Michael Jackson murió en 1984, cuando filmó el anuncio para Pepsi. Durante un tiempo nadie supo qué hacer, cómo explicar que el Rey del Pop había muerto en semejantes circunstancias, cómo reponer los millones de dólares que se perderían. Hubo muchos días de extremo nerviosismo, hasta que alguien tuvo una idea descabellada, delirante. Tito Jackson, el hermano más parecido a él, tomaría su lugar (se pensó primero en Latoya Jackson, que se parece mucho más, pero había que cercenarle las bubis y era imposible). Le tomó poco tiempo emular los pasos de baile y cantar como su hermano (se usaron, claro, todos los efectos de audio disponibles). Un mago de la cirugía plástica se hizo cargo de todo. Lo blanquearon, le pusieron una máscara, y el Rey volvió a la vida.
4. Michael Jackson sigue vivo. Se retiró a una Neverland secreta, construida en una isla que no figura en ningún mapa. Ahí disfruta una nueva vida, alejado de la gazmoñería de una sociedad que ensalza a Lolita como la Great American Novel del siglo XX y, al mismo tiempo, condena el contacto sexual con niños.
***
Boberías, ya lo sé. Pero creo que no se debe tomar en serio a un personaje como él. Una amiga dice que la película Moonwalker es estúpida. ¡Por supuesto que es estúpida! Michael Jackson es estúpido, claro, y más si lo ves con ojos de "adulto". Cada atuendo y cada paso de baile de Michael Jackson son ridículos. Pero vaya, si buscas un entretenimiento "inteligente", lo más seguro es que no encuentres nada. ¿Quién puede buscar en Michael Jackson algo "inteligente"? Ese güey era pura faramalla, efectos especiales, prestidigitación, baile, utopía, inocencia, ingenuidad.
Como lo fue para mi amigo el Chiflágoras, Michael Jackson fue mi primer ídolo. En la edad de la inocencia, por supuesto.
(En felicitación y abrazo a mi amigo Salvador Calva Carrasco, por su titulación como Licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas, otorgada con mención honorífica por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM)
1. El hecho es que uno de los sinodales preguntó si era cierto que Borges marcaba el fin de la Literatura, si era un escritor después del cual no habría nada más. Aseveración arriesgada, y que el mismo Borges negó, pero casi insignificante frente a esta otra de Ana María Barrenechea: "Borges es un escritor admirable empeñado en destruir la realidad y convertir al hombre en una sombra".
Salvador respondió muchas cosas que no puedo transcribir aquí, pero su tesis en sí misma ya daba una respuesta contundente. La descifro así:
Hay en Borges un silencio cargado de significado, un límite después del cual la palabra se despeñaría en un abismo. Empero, la palabra nunca se derrumba: Borges deja al lector en ese límite, en la contemplación de ese prodigioso abismo. Ocurre así en "La escritura del Dios", relato en el cual el sacerdote prehispánico Tzinacán logra descubrir, en la piel del tigre, la mágica fórmula verbal en que Dios cifró los arcanos del universo, pero renuncia a usarla contra los conquistadores que lo tienen preso, porque él ya es otro y no le importa su destino. Así el relato queda en quisicosa: la fórmula no es revelada al lector. Ergo, la literatura de Borges no es terminal ni taxativa, sino que abre un vasto panorama a la exploración de las generaciones futuras. Salvador lo dice así: "hace falta un elemento para que la revelación sea completa. Ese elemento es, quizá, la razón de que la literatura siga viva".
Viene a cuento la historia de un escritor perturbado que fue ingresado en la Sala de Psiquiatría del Hospital Italiano de Buenos Aires, en 1988, quien dijo haber conocido a Borges poco antes de su muerte. Relataba que habló con él apenas unos minutos, pero que esa charla había bastado para convencerse de que Jorge Luis Borges era Dios. Y hablaba precisamente de ese silencio, decía que Borges, a diferencia de otros dioses, no había dictado ninguna la Palabra sagrada, sino que se limitaba a acercar al lector a una orilla desde la cual él mismo debía buscar esa Palabra, leerla, acaso escribirla.
Recuerdo una anómala noche en que, redactando un ensayo sobre el diálogo de La costurera y el viento de César Aira con "El Aleph" de Borges, en el cual yo argumentaba que sólo Funes el Memorioso (cuya visión, nos cuenta Borges, es capaz de percibir de un solo vistazo "todas las hojas y racimos que contiene una parra") sería capaz de ver el Aleph sin perder nada, me sorprendió la necesidad de hacer una aclaración: "Pero Borges, cabe suponer, no es Funes el Memorioso ni Dios, ¿cómo puede leer el Aleph, cómo puede captar a un tiempo cada letra de cada página?".
Por qué me sentí obligado a aclarar que Borges no es Dios es algo que desconozco, como también desconozco por qué no parece tan disparatado a otros conjeturar que el insigne argentino es el último literato que habrá entre los humanos, o que fue un hombre dotado de una imaginación capaz de concebir el proyecto de destruir la realidad. Sólo queda la perplejidad ante un escritor cuya sombra todavía pesa tremendamente sobre nosotros y nos eclipsa, y que nos contó historias que habrán de perdurar mucho más allá de nuestra muerte.
2. El otro hecho es que Salvador prometió, en la dedicatoria de su tesis, una obra más extensa, y que un sinodal le preguntó si en esa obra desarrollaría una idea que en la tesis apenas sugirió: el estudio de la música que escuchamos en los textos de Borges. Salvador mencionó el uso de la aliteración en algún poema, si mal no recuerdo, la musicalidad en el uso reiterado de la erre que daba la sensación de encierro.
Yo recordé una "Biografía sintética" de Virginia Woolf que Borges publicó en El Hogar, en donde señala que la novela Orlando (publicada por Woolf en 1928) es "un libro musical, no solamente por las virtudes eufónicas de su prosa, sino por la estructura misma de su composición, hecha de un número limitado de temas que regresan y se recombinan". Lo mismo puede decirse de Borges, que construyó su obra a partir de un número limitado de temas (así lo admite en el prólogo a "El informe de Brodie": "Unos pocos argumentos me han hostigado a lo largo del tiempo: soy decididamente monótono"), y que conjeturó que "quizá la historia universal es la historia de unas cuantas metáforas".
Tengo a la vista mi ejemplar de Orlando, traducido por Borges. Se me ocurre que, quizá, hablando en términos musicales, debería decir interpretado por Borges, siguiendo la partitura original de la Woolf. Pues bien, ya que estamos, ofreceré aquí algunos fragmentos de esa partitura. Sólo debo esbozar, en trazos generales, el argumento.
Orlando es un joven aristócrata que nace en un periodo dorado para las letras inglesas, el isabelino, y vive cuatro siglos, hasta llegar al XX, convertido en mujer. Un día, sentado bajo la copa de una encina, tiene una epifanía que lo lleva a escribir un poema titulado "La Encina", que será uno de los motivos musicales del libro.
Bien, escuchemos:
"Suspiró profundamente, y se arrojó –había una pasión en sus movimientos que justifica la palabra– en la tierra, al pie de la encina. Le gustaba, bajo toda esta fugacidad del verano, sentir el espinazo de la tierra bajo su cuerpo; porque eso le parecía la raíz dura de la encina; o siguiendo el vaivén de las imágenes, era el lomo de un gran caballo que montaba; o la cubierta de un barco dando tumbos".
[...]
"A la hora o algo así [...] resonó una trompeta. Orlando se puso en pie de un salto. El sonido agudo venía del valle. Venía de un lugar oscuro allá abajo; un lugar compacto y dibujado; un laberinto; un pueblo, pero ceñido de muros; venía del corazón venía del corazón de su propia casa grande en el valle, que, antes oscura, perdía su tiniebla y se acribillaba de luces, en el mismo momento que él miraba y que la trompeta se duplicaba y reduplicaba con otros sones estridentes. Algunas eran lucecitas apresuradas, como llevadas por sirvientes apresurados, que atravesaban los corredores contestaban órdenes [...] y otras bajaban y oscilaban, subiendo y descendiendo como sostenidas por las manos de legiones de servidores, saludando, arrodillándose, levantándose, recibiendo, guardando, y escoltando con toda dignidad una gran princesa al descender de la carroza. En el patio, rodaban y circulaban coches, los caballos sacudían sus penachos. La reina había llegado.
"Orlando no miró más. Se precipitó cuesta abajo [...] Por atajos que no conocía, se abrió camino a través del vasto sistema de cuartos y escaleras al salón del banquete [...] Orlando, lleno de timidez [...] llegó a la sala del banquete a la sala del banquete con el tiempo contado para caer de rodillas, inclinar confundido su cabeza, y ofrecer un aguamanil con agua de rosas a la gran reina".
[...]
"Pero cuando la fiesta estaba en su apogeo, Orlando solía retirarse a la intimidad de su cuarto. Con la puerta cerrada y la seguridad de estar solo, sacaba un viejo cuaderno, cosido con una senda robada del costurero de su madre, y rotulado con letra redonda de colegial: "La Encina. Poema". Escribía en él hasta mucho después de la medianoche. Pero como por cada verso que agregaba borraba otro, el total, a fin de año, solía ser menor que al principio, y era como si, a fuerza de escribirlo, el poema se fuera convirtiendo en un poema en blanco".
[...]
"Le faltaba tinta y apenas tenía papel. Pero hizo tinta con moras y vino, y aprovechando los espacios en blanco y los márgenes del manuscrito de "La Encina", logró, mediante una especie de taquigrafía, describir el paisaje en un largo poema en verso libre y redactar un diálogo consigo misma sobre el problema de lo Verdadero y lo Bello".
[...]
"La letra S, meditaba, es la serpiente del Edén del poeta. Por más que hiciera, quedaban demasiados de esos culpables reptiles en las primeras estrofas de "La Encina". Pero la "S" no era nada, en su parecer, comparada con la terminación "ando". El participio presente es el diablo en persona, pensó (ya que estamos en el lugar donde se cree en el diablo). Eludir tales tentaciones es el primer deber del poeta, concluyó, porque si el oído es la antecámara del alma, la poesía puede corromper más seguramente que la lujuria o la pólvora".
[...]
"Orlando se llevó la mano al seno, como en busca de un medallón o de alguna reliquia de amor perdido, y no sacó ninguna de esas cosas, sino un manuscrito enrollado manchado por el mar, la sangre y los viajes: el manuscrito de su poema "La Encina" [...] Volvió a la primera página y leyó la fecha 1586, en la antigua letra de colegial. ¡Casi trescientos años que estaba trabajándolo!".
[...]
"El camino de helechos conducía, con muchas vueltas y revueltas, a la encina, que se levantaba en la cumbre. El árbol era más grande, más recio y más nudoso que cuando ella lo conoció, alrededor del año 1588, pero estaba aún en la plenitud de la vida. Las hojitas agudamente plegadas seguían agrietándose en las ramas, espesamente. Tirada en el suelo, sintió los huesos del árbol abriéndose como costillas a un lado y otro. Le gustaba pensar que cabalgaba sobre el lomo del mundo. Le gustaba asirse a algo duro. Al echarse, cayó del fondo de su chaqueta de cuero un librito cuadrado de tela roja –su poema "La Encina". Debí traer una pala, reflexionó. La tierra era tan playa sobre las raíces, que era harto discutible que pudiera cumplir su propósito y enterrar el libro en ese lugar. Además, lo desenterrarían los perros. Esos actos simbólicos nunca tienen suerte, pensó. Quizá lo más prudente era omitirlos. Tenía un breve discurso en la punta de la lengua, que había pensado pronunciar al enterrar el libro. (Era un ejemplar de la primera edición firmado por el autor y el ilustrador.) "Lo sepulto como un tributo", estaba por decir, "una devolución a la tierra, de lo que la tierra me dio", pero, ¡Dios mío!, en cuanto se pone uno a declamar palabras ¡qué tontas parecen! [...] Dejó insepulto y descompaginado su libro, y miró el vasto panorama, diverso entonces como el fondo del mar, iluminado por el sol y manchado de sombras".
[...]
"Todo estaba iluminado como a la espera de una reina muerta. A sus pies, Orlando vio una agitación de penachos oscuros en el patio, y antorchas vacilantes, y sombras que caían de rodillas. Otra vez una reina bajó de su carroza. "La casa está a sus órdenes, señora", gritó con una gran reverencia. "Nada se ha tocado. La conducirá mi padre, el lord muerto"".
El ombudsman capitalino, Emilio Álvarez Icaza, declaró recientemente que votar en blanco es tirar el voto a la basura. Creo que es mentira y explico por qué.
Los partidos gobiernan para sus militantes y simpatizantes, para sus redes corporativas o clientelares, léase sindicatos, confederaciones, trabajadores del gobierno, comerciantes informales que sirven de acarreo o "bases", como también les llaman, etc. Los demás, los ciudadanos "de a pie" –como dicen los políticos, ellos se entienden– no existen más que como clientes potenciales, indecisos.
Hace mucho que los partidos políticos en México no nos representan, no importa que los gobernadores o legisladores sientan que traen en el alma al 25 o 30 por ciento de la población que votó por ellos, en la práctica esto es falso. Votar por partidos que no nos representan es avalar y fomentar el envilecimiento colectivo al que nos están llevando.
No votar es, eso sí, tirar el voto a la basura, pues nunca sabremos si los prestigitadores de los partidos (los "mapaches", los del "carrusel" y las urnas "embarazadas", los que levantan a los muertos para que voten) no lograrán convertir ese no voto en un voto para sus huestes. El voto anulado, en cambio, queda patente en las actas y no puede, al menos en teoría, ser utilizado por nadie.
Tradicionalmente, los mexicanos anulamos el voto con burlas, votando por Cantinflas, pintando penes gigantes o rayando leyendas como: "Que chingue a su madre el PRI y doña Hortensia la del 13"; "Pinches partidos culeros"; o con dedicatorias para los funcionaros de casilla: "Pepe, yo voto por tu jefa"; "Avelino Palomares: tu vieja te sigue engañando, ya sabes con quién"; "Damaris, eres una puta", etc. Pero el voto en blanco introduce una diferencia, no baladí: los ciudadanos fantasma, los que no existen para los partidos, también votan y, ergo, también existen.
En España hay una organización que promueve la "abstención activa"; se llaman a sí mismos Ciudadanos en Blanco. Su estrategia es lograr que los votos en blanco "sean computados de forma que si alcanzan los suficientes para obtener un escaño en el Congreso de los Diputados, éste quede vacío". Si los votos en blanco alcanzan: un legislador menos. ¿No es esto lo que muchos, incluso los mismos partidos, han propuesto desde hace años, reducir el número de escaños, haz patria, mata un legislador?
Por eso ni azules, ni tricolores, ni amarillos, ni verdes, ni naranjas: Blancos.
martes 28 de abril de 2009
He tenido que protegerme para besar a Karlita. Pero también lo hemos hecho sin protección. Me pregunto si vale la pena arriesgar mi vida o la suya por darle un beso en público, si no estoy siendo irresponsable. ¿Empiezo a experimentar un trastorno paranoide? Conviene tener a la mano una definición provisional de "paranoia" para saber cómo defenderse de ella: un trastorno que se caracteriza por el desarrollo gradual de ideas delirantes como ser perseguido, envenenado, amado a distancia o engañado por el cónyuge. Los antiguos magos decían que antes de matar a un demonio tienes que saber su verdadero nombre y decirlo en voz alta: Paranoia.
Lo que en verdad da vergüenza es que nadie en México sabía decir qué estaba pasando hasta que nos dijeron los extranjeros. Lo terrible es que aún no sepamos qué es.
Lo humillante es que nos aíslen.
Váyanse a dormir temprano, beban agua en ayunas, ejercítense media hora diaria, escuchen y repitan sus canciones favoritas, llamen por teléfono a otros continentes, miren espermatozoides a través de un microscopio, gasten todo su dinero, quítense la máscara, agradezcan a quien les hizo daño y lastímenle también, sueñen un paraíso definido y tangible, emborráchense, reserven una mesa elegante en el valle de Josafat, cuélguense de un paracaídas, fotografíen los relámpagos verticales y largos, beban sangre, incendien la pólvora, maten una vaca sagrada o un cordero de dios y hagan una barbacoa, piérdanse, olvídense de todo, echen las campanas al vuelo, echen la casa por la ventana, vean porno en grupos, follen todos contra todos, arrepiéntanse, porque ya se acerca el tiempo.
sábado 28 de marzo de 2009
Cuando Carl Gustav Jung construyó la torre donde pasaría sus últimos años, se negó a instalar energía eléctrica y teléfono. Acostumbrado a moverse en la gravitación del inconsciente colectivo, en el mundo de los arquetipos, Jung creía necesario para sus investigaciones comunicarse con los fantasmas: la luz eléctrica y el teléfono, creía él, ahuyentan a los fantasmas.
Lo recordé hoy que se celebró la famosa hora de la Tierra, el apagón de 8:30 a 9:30 pm. Sé que vagan por ahí muchos espíritus nihilistas que creen que la hora de la Tierra es otra chiquillada que se lo ocurrió a algún lector de Paulo Coelho y que no sirve para nada, pero yo estuve deseando todo el día que perdiera la Selección y que la hora de la Tierra despertara a los muertos. El rito consiste en encender velas o lámparas de petróleo y reunir a la tribu en torno al fuego, tiene algo de espiritismo, de invocación. Yo estoy acostumbrado a la oscuridad, me arreglo muy bien sin aparatos eléctricos cuando estoy solo. Pero cuando platicas con alguien a la luz de las velas, la conversación toma un ritmo distinto, todo parece resbalar muy lentamente hacia un estado superior de conciencia, una parcial hipnosis semejante a la inducida por meditación, en la que repentinamente se abren y se cierran las puertas de la memoria y luego el cerebro termina por apagarse, la corteza parietal se queda muerta y no sabes dónde estás ni quién eres. Es el medio preciso para contar historias de muertos, sabiendo que ya no están pero con el temor de que nos estén escuchando.
Creo que a una buena parte de la gente no le importa apagar la luz, lo que realmente cuesta trabajo a la mayoría es apagar la TV (si las estrellas están en la tele, piensan, ¿para qué voltear al cielo?). He sabido de muchas personas que no pueden dormir sin encender la tele para que las arrulle. Yo hace mucho tiempo apagué la tele (sólo veo de vez en cuando Los Simpsons o La Dimensión Desconocida) y no tengo una en mi cuarto. Gracias a ello he pasado algunas de las mejores noches de mi vida imaginando a través de los libros, escuchando, mucho después de dormirme, la voz de Don Quijote en mi cabeza, soñando magníficas pesadillas inducidas por Edgar Poe o Philip K. Dick, y más de una vez he sentido que los muertos me hablan. Acaso los fantasmas se sienten a gusto conmigo. Imaginación, abstracción, fantasmagoría: tres elementos que la TV, que yo sepa, jamás ha sabido explotar. Quizá porque, hasta ahora, es el medio menos interactivo y también el más autoritario y esclavizador.
Hace mucho tiempo que no posteo nada. Pero éste es un blog serio y sé que si dejo de postear mucho rato voy a perder a mis tres lectores (¿sigues ahí, Chiflágoras?, si estás ahí golpea tres veces), así que voy a postear dos cuentitos (b-sides) que escribí hace algún tiempo. Espero que los encuentren divertidos.
La muerte espontánea
Tuve mucho tiempo para decidirme a matarlas cuando aún era posible. Hubiera podido aficionarme a trozarles los esqueletos a palos o a espolvorear veneno en sitios estratégicos, de modo que encontraran la muerte espontánea en cualquier encrucijada o recodo de la casa. Me decidí tarde. Se habían reproducido durante décadas a una velocidad feroz: ahora eran un ejército. Se arrastraron meticulosamente bajo las calles y las casas, fueron ocupando en secreto la ciudad hasta tenerla completamente sitiada. En mi casa se apareaban furiosamente contra las tablillas del piso, de noche las oía chillar muy raro, exaltándose a intervalos. Luego parecía que musitaban y deliberaban.
Un día, cuando llegaba a casa, vi que salían de una rejilla del alcantarillado, apachurrándose contra los barrotes al salir. Me quedé quieto, quise detener mi corazón para no moverme en absoluto. Pero fue en vano. Una me alzó la mirada, esos ojos brillosos y rápidos como canicas negras, era tan feroz que a pesar de su tamaño, que pisas con una sola bota, enseñaba los dientes como para decirme que no le daba miedo enfrentarse a mí . De golpe todas las demás notaron mis movimientos y alzaron las cabezas; luego obviaron o soslayaron mi presencia, siguieron su marcha rodeando mis pies y se escurrieron bajo la puerta de la casa. Pude sentir que perseguían algo muy concreto que yo no alcanzaba a ver, y cuya captura –que yo sólo podía conjeturar o cuando mucho presentir– era por lo pronto el único fin de sus vidas. Corrí hacia la puerta, el trayecto me pareció demasiado extenso e inquietante, como si me aproximara a un abismo. Abrí la puerta y me detuve en el umbral. Tenían cubierta a Alma de cuerpo completo, ella permanecía de pie, apenas se movía y soltaba un gritito asfixiado –uno de los animales se le atragantaba. No me moví para ayudarla, estaba tan pasmado que si hubiesen venido por mí tampoco habría pretendido impedirlo. Durante un instante encontré su mirada horrorizada –sobre todo sorprendida– y le dije adiós con los ojos porque no pude articular ninguna palabra. Se derrumbó en el suelo y ellas, usándola como ariete, la encajaron en una coladera y se la llevaron.
***
Sabroso veneno
Me daba miedo subirme al metro. He escuchado historias de que ahí roban y secuestran. Y aunque no te pase nada de eso, sales toda manoseada. Moret insiste en que las todas las estaciones son peligrosas, pero a las que de plano no hay que acercarse son Pantitlán y todas las que llegan a Neza. Eso dice Moret y yo lo tomo de quien viene porque él nunca se sube al metro, él qué va a saber. Pero sorpresa, sí sabía, porque la primera vez que me subí pasó algo que me perturbó mucho. El tren se detuvo en la estación Isabel la Católica y estuvimos sin movernos media hora, un poco más. Me quedé contemplando las caras de las personas, tratando de distraerme, viendo la otra orilla donde iban los trenes en dirección al oriente. Llegaban y se iban rápido, con una prisa totalmente ajena e indiferente a nuestro atolladero. Uno de esos trenes dejó a dos niños y un muchacho algo sucios, con ropas pobres y gastadas, echadas a perder. El muchacho traía un niño en cada mano. Los seguí con la mirada hasta que volvieron las espaldas y a lo lejos vi sus caras imprecisas hundiéndose en las escaleras. No comencé a olvidarme de ellos cuando aparecieron de mi lado y abordaron el vagón donde yo iba. En ese momento se cerraron las puertas y el tren se puso en marcha. Desde lejos olían a solvente, sin que fuera posible distinguir cuál de los tres venía más drogado. Tan sabroso les sabía el veneno que todavía venían chupándose los dedos y olisqueando las mangas de sus camisetas. Yo les miraba sus caritas y me preguntaba qué habría puesto Dios en esas monas que les gustaba y les refascinaba tanto a los pobres chamacos. Ahora que recuerdo la ilusión que les iluminaba el rostro al darle a la mona me dan ganas de volver a ser niña, pero también me da indignación y rabia, una oscura rabia que me envenena el corazón. Y ya no puedo contener el llanto cuando veo al más chiquito de todos, que hace muy poco era un bebé, completamente ahogado en la mona, haciendo eses y alzando las manos como marioneta tocada por el demonio, con los ojos en círculos y dando pasitos erráticos, sonriendo. De pronto se le olvida cómo caminar o alguien le corta los hilos y viene a dar al suelo, convertido por un efecto reversible del tiempo en un bebé que llora y berrea patas arribaporque no sabe hablar ni caminar. Y entonces el muchacho que lo trae le agarra un brazo y lo pone de pie, le da unas palmaditas en la espalda, le revisa los ojos y los brazos como a los boxeadores para encontrarles el balance antes de volver al ring, y el niño regresa como si nada a su peregrinación alucinada por los vagones del metro, se lleva el pulgar a la boca, aspira el solvente que queda en sus nudillos rociados de mona y casi se queda dormido colgando de la mano del muchacho, soñando su sueño de estopas y nubes turbias.
El tren llegó a la siguiente estación y abrió las puertas, el vagón se despejó de golpe y la presencia de los niños, que se alejaban de mí, se hizo más densa. Me esforcé por no verlos pero no pude, de reojo vi que el muchacho abrió en el piso un costal lleno de vidrios rotos. El tañido seco en el suelo me hizo girar la cabeza hacia él, lo vi sacarse la camisa, mostrando su espalda mugrienta y sus cicatrices frescas, y sin decir agua va dio una maroma y se azotó de espaldas sobre los vidrios. Lo hizo dos veces y luego vino hacia mí y repitió el número otras dos veces. Uno de los niños, el hermano de en medio, giró la cabeza como un muñeco diabólico y me sonrió. Esa sonrisa quedó congelada en mi memoria para siempre.
miércoles 28 de enero de 2009
En la parodia interminable del loquero kitsch, parodia de parodias, nació un nuevo esperpento que se une a personajes como el famoso Che-Pillín o el muy siniestro Batman Forever:
A algún diablo en Estados Unidos se le ocurrió que podría comercializar souvenirs de Obama Bin Laden a.k.a. Barack Osama, camisetas, tazas, gorras, botones. Pero en el país de la Primera Enmienda el chiste no es chistoso: le negaron la patente al entusiasta emprendedor de Miami que soñaba con easy moneypatrocinado por Obama Bin Laden a.k.a. Barack Osama. El american citizen lo tomó con mucha calma y dijo bonachón al Miami Herald: "No estoy tratando de decir que Obama es un terrorista. Es algo de lo que hablé con mis amigos y nos reímos bastante".
En Estados Unidos es bastante común hacer chistes sumamente manchados sobre los políticos, es un derecho de los ciudadanos, plasmado, como queda dicho, en la Primera Enmieda. Pero la Casa Blanca no tolera la propaganda negra. Ni de chiste. La campaña inició con la circulación de una fotografía de Barack Obama vistiendo turbante a los 46 años, en ese entonces se dijo que Barack Obama era un "terrorista disfrazado". Lo paradójico es que esa campaña la inició... Hillary Clinton.
No es la única asociación simbólica de Obama con el terrorismo. Barack Obama se llama Barack Hussein Obama. Es su nombre: Hussein, resaltado con insistencia en los media estadounidenses. Para conjurar estas ligas simbólicas con el terrorismo sin parecer yanqui a ultranza o versión negra de George W. Bush, el ahora presidente Obama ha dicho que Estados Unidos no es enemigo del mundo musulmán, incluso ofreció la mano a los musulmanes en la televisora Al Arabiya diciendo: "Que la mano se abra o no depende realmente de ellos”, y marcó como una de sus prioridades en la guerra contra el terrorismo "capturar o matar" a Osama Bin Laden, donde quiera que esté.
Si Obama encuentra a Osama y lo captura o lo mata, es cosa que nadie sabe ni se atreve a pronosticar. Puede que Osama encuentre a Obama primero y lo mate. Es una moneda al aire, un gato con tres pies o una partida de ahorcado que sólo terminará, como dicen las hermanas fatídicas en Macbeth, "cuando la batalla esté perdida y ganada".
Posdata del 27 de marzo de 2009: Cabe también a posibilidad de que el mismo Barack Osama a.k.a Obama Bin Laden a.k.a. Barack Hussein, a pesar de tanta compasión que inspira su heroísmo democrático y su color políticamente correcto, se desfigure o se ennegrezca con el tiempo hasta revelarse como un terrorista él mismo. Trátame de loco, pero creo que en momentos como éste la Unión Americana sólo puede ser gobernada por un terrorista, es decir alguien que sepa manejar el terror. Acaso Obama y Osama nunca lleguen a encontrarse y sólo muera la carne de cañón, los millones que estamos en medio de la épica madriza que se dan estos dos, poderosos y locos como dioses. No podemos esperar que se bajen del caballo y se rifen un tiro derecho, mano a mano y el que gane tiene la razón, como sucedía en la antigua Grecia si hemos de dar crédito a lo que leímos en Homero.
1. A mi madre le habían instalado un aparato para que por ningún motivo se me permitiera nacer. Algo salió mal. Conjeturo supersticiosamente que mi padre se vino como un toro y la granizada de esperma atravesó el aparato. O tal vez no. Lo cierto es que el mismo día estaba flotando impunemente mi primera célula en el vientre de mi madre: había entrado al mundo violando sus reglas. Un tajo de segueta candente abrió el telón… reflectores… aplausos… cañonazos de confeti… una multitud me decía adiós abriendo y cerrando las manos... Al llegar a la siguiente orilla me recibió otra multitud. Me enseñaron los números y las letras, me enseñaron a caminar y a escuchar y a ver.
2. Me dicen que yo luché por nacer. No lo creo, me parece cuando menos inexacto. Los vivos luchamos por la vida, pero nadie lucha por nacer, nacemos improvisadamente y sin nuestro consentimiento. Nos arrojan al remolino del mundo a improvisar. ¿Cómo reaccionar, qué dirección tomar ante la encrucijada desgarradora de nacer en el siglo XX? ¿Cómo sortear la carambola de acontecimientos que siguieron a esa falla del aparato anticonceptivo? Un día, cuando era niño, bailaba el trompo y volaba con los brazos abiertos como un avión en cruz entre las flores y botones rojos, y el alfilerazo verde de las briznas de pasto que saltaban al pasar la podadora eléctrica. Al aterrizar miraba el agua de la presa latir en círculos bajo la áurea campanada del sol... Repentinamente el azul de la televisión proyecta mi sombra en la pared, es de noche, las olas caprichosas de la soledad me envuelven, estoy preocupado y silencioso, abrumado por la incertidumbre, tengo presentimientos ambiguos, contradictorios, soy multipolar.
3. Soñé que Dulce María Loynaz resucitaba un día estampado en una hoja de papel, arrancada del calendario y arrojada al mar. Ella tenía quince años y era hermosa. En sus enormes ojos se reflejaba el temor de mi rostro, me decía que no tuviera miedo, que ya no estuviera pegado noche y día al muro del silencio. Me besaba la frente y me pedía sonriendo que saludara a mi madre de su parte.
4. Así la conocí, arco iris alrededor de los ojos, empapada de noche y sonriendo. La noche era un balcón abierto, la sombra de un avión gigante. En el prisma de sus ojos brillaban estrellas azules.
La semana pasada me habló Dios al cel y no le contesté. Siempre hace lo mismo, a principios de año como que se pone chípil o le entra la cruda moral y se pone a hablarle a todo mundo y a decir que desea lo mejor para todos y que ahora sí este año habrá menos tsunamis y la madre. Lo peor de todo es que a veces agarra la peda con la sangre de Cristo y se pone bien malacopa. Dicen que una vez le habló a Beethoven como a las seis de la mañana, borracho hasta atrás.
DIOS: Sss qué transa mi Beethoven, ¿cómo va el rucanrrrooooool?
DIOS: JAJAJAJAAJAJA –se rió tan fuerte que tembló en el DF y se cayó un edificio sobre tres niñas que jugaban avión– …simonqui weee, ¿cómo supiste?
BEETHOVEN: …
DIOS: Sí, ¿cómo ves mi Beethoven, no quieres caerle? Estoy aquí con el nazi y el lucifer.
BEETHOVEN: No puedo bro, estoy bien cargado de chamba.
DIOS: Ahh ps también por eso te hablaba broooooo, te tengo una chamba.
BEETHOVEN: ¿Ah sí? ¿De qué va?
DIOS: Quiero que escribas una ópera. Es que se va a casar Atenea, la de ojos de lechuza, y quiero lucirme con Zeus Cronida, ya ves que se peleó con Hera desde el siglo antepasado y anda sacado de onda.
BEETHOVEN: ¡Qué sorpresa, Dios mío! ¿Y con quién se casa la virtuosa hija de Zeus, árbitro de la guerra humana?
DIOS: Pues con un equis eh, nadie conoce al galán pero dicen que está carita y es de varo. Pero entonces cómo ves, ¿le entras o no mi rey?
BEETHOVEN: Psss nel Dios, no es mal pedo pero ya no trabajo en bodas. Ahi para la otra, we, ¿vale?... Oye, y ya te dejo porque tengo que seguirle...
DIOS, furioso: Mejor es que cuides tus modales y no me busques, pu-ti-to, porque se te va a aparecer el mostro.
BEETHOVEN: Oh, Dios, no te encabrones. Te pones pedo y luego luego sientes que todos estamos conspirando contra ti, bro. Relax.
DIOS: Nel, te lo advertí wey, ya sacaste boleto.
BEETHOVEN,alarmado: No, Dios mío, ¿pero qué haces?... ¿Qué me pasa?
DIOS: Para que aprendas quién manda, puto.
BEETHOVEN: ¿Pero qué dices, Dios bendito? No oigo nada…
Entonces éste es el año nuevo 2009. El que esperamos que sea mejor que 2008 pero peor que 2010 y mucho peor que 2011. Me hace mucha gracia cierta canción de Death Cab for Cutie que dice, palabras más, palabras menos, éste es es el nuevo año y no me siento diferente, así que todos pónganse sus mejores ropas y aparentemos que somos ricos sólo por esta ocasión. Creo sinceramente que pocas cosas han cambiado en mí, aún tengo una curiosidad casi patológica o malsana por la historia, el arte y la política del pasado y el futuro, y en menor grado del presente; me mantengo firme en mi ética de la paz, no odio a nadie ni le he retirado la palabra a nadie, y estoy arrepentido por el daño que he causado a las personas; los automóviles me siguen causando aversión y me parecen indignos entre los demás medios de transporte (aún sigo soñando que voy en caballo a trabajar, tiraría menos mierda que el coche); todavía tengo miles de preguntas sin responder y contando, aunque soy igual de sabio que antes –es decir más conocedor de lo que me rodea y por tanto más ignorante e indefenso.
Una cosa ha cambiado, y es que hoy me doy cuenta que felicitar a alguien en navidad o desearle prosperidad y bienaventuranza en año nuevo no es una banalidad ni un lugar común: hoy día el lugar común es decir que qué hueva la navidad y el año nuevo, decir que son boberías y pretextos para saciar los apetitos consumistas. ¡Como si nuestra sociedad necesitara pretextos para consumir carroña y hurgar en las basuras!
Pero no quiero empezar a exaltarme ni a soltar dardos envenenados a la diabla, como es mi costumbre, mi manera pacífica de tomar armas y defenderme contra las millones de amenazas que diariamente me asedian e intentan hacerme tropezar para que caiga en la mediocridad o en la ignorancia, lo que en el lenguaje de Milo, el niño eternauta de La caseta fantasma, se llama las 'aguas mansas'. Ahora quiero conservar este momento de nobleza y sentimiento (por lo demás muy extraño, gran parte de este blog consta de diatribas) para agradecer y expresar mis mejores deseos a los amigos que han evitado que mi vida sea un desastre, y que con sus muy distintos caracteres y personalidades me han infundido día con día deseos de superación, gallardía, fuerza, valor. No hay en esta lista ninguna jerarquía específica, voy a barajear sus nombres como naipes y con eso le doy a cada quien su peso específico como centro y eslabón imprescindible, sine qua non. Si omito algún nombre, siempre hay posibilidad de insertarlo más tarde :)
Luis/Maromero/Chino/Orejón, por su imaginación demencial y por su generosidad. Su talento arroja luz sobre las regiones oscuras de mi cerebro. Existen muchos conceptos desarrollados en mi mente que sólo él es capaz de comprender. Por ejemplo, sólo él entendió el críptico y profundísimo chiste que alguna vez hice sobre una muchacha muy bonita que él amó, cuando la llamé "belleza conceptual". Jaja. A veces él entiende lo que estoy diciendo antes que yo.
Karla Gómez Salgado, donde quiera que esté. Porque me conoció cuando era niño y desde entonces me ha regalado la amistad más incondicional y entrañable que jamás he tenido. No merezco ni soy digno de su bondad, pero la recibo con profunda gratitud. Cuando la conocí ella era mucho más alta que yo, creo que no llegué a alcanzarla, aún la miro un poco hacia arriba como a una hermana mayor que nunca me regaña, no importa lo terriblemente mal que me porte.
Gricaggdou/Chico Migraña/Migri/El Chango, porque comparto y simpatizo con su mal humor ante la imbecilidad envolvente. Cuando empiezo a sonreír como idiota ante alguna cursilería de poca monta, él es quien me abofetea de botepronto y me regresa al mundo real.
Karlita/Bruja, porque me hace sonreír todos los días y porque sabe efectuar en mí –con habilidad pasmosa, aunque a ella le parece muy fácil, cosa de niños– la ilusión de que la vida es un sueño feliz. Además por ser la única persona certificada capaz de leerme la mente. Me divierte que nunca me quiera decir cómo lo hace, y confío en que jamás lo hará.
Alexis/Ciler/Pancho, por compartir su inspiración y sus deseos de trascendencia. El trabajo que realiza este singularísimo amigo es un modo de resistir a la mediocridad y la estupidez sabionda que critica lo que hacen los demás sin hacer nada propio ni atreverse a proponer otra cosa mejor.
Carlitos/Carc/Sidigotodossusapodosnoacaboysemeocurrenmás, por ser mi hermano desde que tenía como cinco años y por su acompañamiento en el desarrollo de todas las etapas de mi vida. Es un personaje tan singular que de él puede decirse en ocasiones que sus defectos lo hacen mejor. Quienes conocen a Carlitos saben a lo que me refiero.
Marcela Nochebuena, porque puedo conversar con ella sobre literatura durante horas y no me dice: "hueva, ya vas a empezar de culto, bájale a tus pinches humos, mejor platiquemos de Dr. House, etcétera, etcétera", y porque me ha soportado muchas veces cuando me convierto en Mr. Hyde.
Salvatore, el único erudito que conozco en persona, bibliófilo tenacísimo y paciente. Con tipos como él no vale jactarse de lo que uno sabe o de lo mucho que ha leído, porque lo más probable es que ya lo sepa. Sin embargo no es uno de esos sabios amargados o resentidos que necesitan presumir lo que saben, al contrario, es un tipo de lo más amable y hospitalario, de los que no necesitan fingir o mimar buenos modales para caer bien.
Teresita de niño Jesús, la legendaria voz que lo mismo canta una canción de Lila Downs que habla en el radio cuando lo prendes o te dice al oído una verdad sorprendente que acaba de descubrir.
Chucho/Cristo Jesús, por ser auténtico y original, del tipo "me vale madres lo que pienses, y aún así me vas a adorar". Chucho es el tipo de brother con el que puedes hablar de mil cosas diferentes en una sola noche y al final no sabes si reír, seguir chupando o quedarte pensando en todo lo dicho hasta que amanezca.
Lauri the Pooh/Osa/Lau, porque hace algún tiempo nuestra amistad estuvo a punto de morir o quizá murió y sobre su tumba crece la hierba fresca de nuestro actual afecto. Ella me salvó la vida y no tengo cómo agradecerle. Además hoy es su cumple: estas son las mañanitas que cantaba el rey David...
Lucio/Lucho/El Tigrillo TexTex, por ser el mejor amigo que se pueda pedir. Su generosidad es un modelo a seguir. El cabrón es una monedita de oro, admítanlo.
Kari/Comadre, mi más reciente amiga. Porque es la única persona capaz de burlarse de mí sin que me enoje o le tenga ojeriza. Bueno, poquito. Aunque parezca lo contrario, amiga, la realidad es ambigua.
Ingrid Solana, mi venerada maestra de literatura de la universidad y también la más joven de mis maestras. Leí completa la bibliografía recomendada que nos dio (es decir la que ya no alcanzaríamos a leer en el semestre y que nos tomaría años terminarla) y salí de ella completamente transformado. Debo a Ingrid el descubrimiento tremendo de autores como Jean Paul Richter, Gérard de Nerval, José Lezama Lima y en general el neobarroco cubano.
Pam/Marilyn/Jocelyn, porque a través de las locuras que hace y dice puedo revivir con gusto una parte de mi juventud que ya ha pasado. Me divierte y me conmueve mucho su amistad.
Renatita/Ewok, por la atención brindada a este blog y porque ora conmigo y por mí para que me vaya al cielo o cuando menos me extraditen después de una temporada en el purgatorio.
Raúl/Cobi/Judas, por sus tremendos beats como bataco de la mejor banda en la que he tocado hasta ahora, y por ser un tipo que sabe reconocer y señalar sin tapujos los errores de los demás y –cosa mucho más difícil– sus propios errores.
Moravia/Mora-azul/Moravids, por su viva espontaneidad, y por compartir conmigo su curiosidad siempre alerta por la belleza y el arte.
Mare/Mariposa de menta/Mireya Perro, por su locura alegre y su sonrisa violenta. Y porque supo confiar en mí en el momento indicado.
Mel/Lindo gatito/Jess, por nuestra "amistad intermitente", según sus propias palabras. Y porque supo perdonarme –con una bondad angelical, aunque suene a imbecilidad o cursilería es la expresión correcta– cuando fallé a nuestra amistad.
Toki/Slavsky, por enseñarme que se puede aprender de alguien más joven que tú y por infundirme deseos de mejorar mi ejecución y composición musical.
Morris/Juanchis/Jean Carl Buenrostro Galán, por contagiarme su obsesión por la música auténtica, original y honesta, y su aversión contra el arte castrado y sin fundamento que propugnan los que "saben de música" y los virtuosos.
Rocko/Zolee, por la riqueza insondable de su colección de música y por compartir conmigo sus conocimientos como audiófilo y melómano y químico.
Viole/Vaca en la ciudad, porque –acaso sin saberlo, hace años que no hablamos– me ha dado más de una lección que conservaré como máxima en mi entendimiento para siempre. Y porque su talento me inspira y me hace admirarla cada día más. Honor a quien honor merece.
Dalia, por hacerme reír!
Cristo/Negro, por su buen humor y su hospitalidad. Y por supuesto también a su carnalazo David.
Felitz/¡Chichis, chichis!, porque a pesar de ser un tipo durísimo que cuando está en sus dias no te tolera más de cinco segundos, es un tipo real y auténtico en un mar de hipócritas. Más de una vez me ha dicho mis verdades en mi jeta y estoy agradecido por eso.
Bere/Berenalga, suena feo pero así le dicen sus amigos y es en buen plan, sin mala leche. Por ser todo lo que yo hubiera deseado ser si no fuera quien quiero ser o quien me estoy convirtiendo en. Ejem, quiero decir, por ser un ejemplo a seguir y una fuente de inspiración constante. Yo me entiendo y tú también.
Chiflágoras/Picardías/Pablo R, por escuchar los sermones bombásticos que a veces, a altas horas de la noche y con algunas copas encima, me pongo a recitar como si fuera un apóstol del apocalipsis o un profeta de la decadencia. Además, Chiflágoras es un melómano hardcore mal plan.
Al salir al pasillo vi la puerta que conducía al sótano, abierta sobre el suelo, y dejaba pasar un resplandor que ascendía como un rayo celestial surgido incongruentemente del centro de la tierra. Era una puerta secreta montada en el piso que casi nunca se abría, y que me producía un miedo tácito. Un miedo, quiero decir, demasiado abstracto, del todo indescrifrable para un niño. En mis días infantiles solía bajar al sótano en busca de juguetes de toda especie que tenía arrumbados en tres grandes montañas, pertenecientes a épocas distintas de la historia desde los dinosaurios hasta los años 2900 o algo por el estilo. Juguetes sólo. Juguetes de pronto echados en falta cuando una tenue nostalgia –pero nostalgia al fin, no obstante lo matinal de mi edad– me los traía a la memoria como empujados por olas; juguetes pasados, escamoteados o eclipsados brevemente por la novedad de otros más recientes, que recuperaban ese día cualquiera su prístino valor. En ese mar vienen flotando toneladas de juguetes viejos y se redescubren o reconfiguran artefactos como la flecha (en otro tiempo, lugar y dimensión llamada ‘honda’, 'resortera', 'horca'), un arma limpia y elegante, capaz de sacar un ojo.
Me dejaban bajar una vez a la semana al sótano, entre las tres montañas escogía un puñado de juguetes y salía de la casa con ellos en los brazos. Los regaba sobre la hierba, los echaba a nadar en las presas o en los ojos de agua toda la tarde y al caer la noche los devolvía al sótano. Cuando venían los Reyes Magos dejaban los juguetes nuevos en el sótano, escondidos entre las montañas para que me divirtiera buscándolos. Un 6 de enero me trajeron un revólver.
Hoy se dice que los Reyes Magos no deberían regalar armas de juguete sino juguetes didácticos para no incitar a los niños a la violencia, pero cuando éramos niños sabíamos que las armas eran sólo juguetes y no podían amenazar ni herir a nadie de verdad; por el contrario, eran un modo pacífico e inofensivo de dar rienda suelta a nuestra rabia y canalizar la violencia que nos inculcaban en la escuela y en la televisión hacia un fin divertido y estimulante: la imaginaria conquista de un barco fantasma, plagado de piratas; la intifada para derrocar al rey de África. Los juguetes didácticos son adecuados para aprender y repetir y obedecer: los demás juguetes –entre ellos los mal llamados bélicos– sirven para imaginar. Para mí es más fácil que un niño que manipula juguetes didácticos se convierta en sicario o dictador: los juguetes didácticos enseñan la razón instrumental, por medio de la cual más tarde las armas dejan de ser juguetes y se vuelven verdaderas. Quitarle a un niño la diversión de disparar su pistola de juguete contra el mundo es como prohibirle que lea Macbeth porque incita a la violencia y a la traición.
Aquel día habían llegado mis primos de México y se quedaron a dormir en mi casa. Estuvimos jugando toda la tarde a la guerra de agua puerca que tomábamos de los charcos y los ríos contaminados. Mi prima Iris traía igual que yo unas pistolas que llenábamos con el líquido turbio, eran mucho más letales que las botellas agujereadas que usaban los otros niños pobres que vivían en Texca. Las balas de agua puerca volaban como en sábado de gloria: acorralábamos a los otros niños en los cerros y los baleábamos hasta casi vaciar el revólver. Guardábamos lo justo para darle a cada uno el tiro de gracia. Entonces los muertos se levantaban empapados en sangre transparente –un poco enturbiada– y, amigos de nuevo, nos íbamos juntos a otra parte. En aquellos días las armas eran sólo juguetes y las balas hacían reír al que las recibía, como aguijones que hacen cosquillas.
La fuerza del aforismo es el contraste. Aquel que se produce entre la energía que nos ha despeñado, una energía débil, apenas una leve brisa, y la hondura del abismo que se abre.
Un aforismo es un minúsculo imán: su magnetismo es inversamente proporcional a su tamaño.
Los aforismos se leen en desorden. Se escriben entre comillas, pero no para indicar, como creen los académicos, que se está citando. Las comillas se ponen al aforismo como alas, para que flote.
"En este «gran dormitorio», como llama un texto taoísta al universo, la pesadilla es la única forma de lucidez". –E. M. Cioran
"Ese sentimiento: «aquí no anclo» –¡Y, al mismo tiempo, sentir alrededor la marea creciente y agitada!" –Franz Kafka
"La madurez de un hombre consiste en recuperar la seriedad con que jugaba cuando era niño". –Friedrich Nietzsche
"Es una lástima que beber agua no sea pecado, clama un italiano, ¡que bien sabría!" –G. C. Lichtenberg
"Muchas ánimas de difuntos se ocupan exclusivamente de lamer las orillas del río de los muertos, porque procede de nuestro mundo y mantiene todavía el sabor salado de nuestros mares. Entonces el río se eriza de repugnancia, invierte la corriente y arrastra de nuevo a los muertos hacia la vida. Ellos, sin embargo, están felices, entonan cánticos de gratitud y acarician las indignadas aguas". –Franz Kafka.
"Un pueblo es el rodeo que da la naturaleza para hacer que aparezcan seis o siete hombres… y para huir después de ellos". –Friedrich Nietzsche
"Hay ineptos entusiastas. Gente muy peligrosa". –G. C. Lichtenberg
"Quisiera que el escenario fuese tan angosto como la cuerda de un equilibrista: eso le quitaría a muchos ineptos las ganas de subir a escena". –J. W. Goethe.
"El camino verdadero pasa por una cuerda, que no está extendida en alto, sino sobre el suelo. Parece preparada más para hacer tropezar, que para que se siga su rumbo" –Franz Kafka
"El gozo del ciempiés es la encrucijada". –José Lezama Lima.
"Cuanto más se detesta a los hombres, más maduro se está para Dios, para un diálogo con nadie". –E. M. Cioran
"Un libro es como un espejo. Si un mono se asoma a él no puede ver reflejado a un apóstol. Carecemos de palabras para hablar con los tontos de sabiduría. Ya es sabio quien entiende a un sabio". –G. C. Lichtenberg
"En un mundo sin melancolía los ruiseñores se pondrían a eructar". –E. M. Cioran
"El sabio como astrónomo: Mientras sigas sintiendo que las estrellas son algo que está «por encima de ti», continuarás sin tener la mirada del hombre de conocimiento". –Friedrich Nietszche
"El diablo no nos toca en el hombro, pone sus manos con desdén en la repisa". –José Lezama Lima
"El hombre ama la compañía, así sea la de una vela encendida". –G. C. Lichtenberg
"¿La poesía? Un caracol nocturno en un rectángulo de agua" –José Lezama Lima.
«Señor, sin ti estoy loco, pero más loco aún contigo.» Ese sería, en el mejor de los casos, el resultado de la reanudación del contacto entre el fracasado de abajo y el fracasado de arriba. –E. M. Cioran
"El ser es el resumen de la nada, el silencio es el resumen de todo". –Roberto Juarroz
"¿Cuándo se coloca el último ladrillo? ¿Quién escribe la última línea? ¿Y ya para qué?" –F.
Habla el mago poeta, transmitiendo desde el planeta de los fenecidos (como de costumbre, dice cosas que de este lado nadie entiende, pero se le agradece de todos modos):
"Así fue adquiriendo la ambivalencia entre el espacio gnóstico, el que expresa, el que conoce, el de la diferencia de densidad que se contrae para parir, y la cantidad, que en unidad de tiempo, reaviva la mirada, el carácter sagrado de lo que en un instante pasa de la visión que ondula a la mirada que se fija. Espacio gnóstico, árbol, hombre, ciudad, agrupamientos espaciales donde el hombre es el punto medio entre naturaleza y sobrenaturaleza".
Kandinsky ha dicho que en pintura un punto vale más que una figura humana. Ello vale para la composición estilística como para el número, puesto que, en cualquier caso, el punto determina la potencia de la cifra, y siempre se toma por multiplicador el número menor.
En esta Supernova de Vasarely el punto se conjuga con su propia forma y produce las ilusiones de color y movimiento donde no los hay.
Mi respeto a Alejandro Martí por su discurso de hoy. Las palabras que pronunció en Palacio Nacional pudieron sonar como un tremendo patadón en el culo de los cretinos de poca monta funcionarios que ahí lo escucharon, entre los que estaban el "Góber Precioso" y el gran parásito del petróleo, Carlos Romero Deschamps. Eso me hubiera gustado, que les pateara el culo. Y sin embargo lo que Martí les dijo fue mucho más inteligente y lúcido, tanto que logró avergonzar profundamente a los gobernadores y funcionarios de sí mismos. En las caras de todos era evidente que estaban apenados, asustados y con la cola entre las patas. Apenados de su vedetismo, de su gazmoñería, de sus discursos preparados, farragosos y demagógicos que leen todos los días como loros, frente a un Martí que sin leer habló con exactitud, con una capacidad de conmoción y una gallardía que ellos jamás han soñado.
Martí dice que los problemas de fondo son la corrupción y la impunidad. Es correcto. Sin embargo, los gobiernos pueden acabar con la corrupción y no por ello dejar de ser ineptos. Asimismo, se puede castigar el delito o imponer mayores o más severas penas y no por ello necesariamente habrá menos delincuentes. Desde mi punto de vista, lo que realmente va a marcar una diferencia, si es que estos abajo firmantes cumplen su palabra, va a ser que logren restar capacidad de operación a los delincuentes, persiguiendo y castigando el delito, sí, pero antes y mucho más importante que eso, desarmándolos.
Hay mucha cosmética, simulacro y lugar común en varios de los 75 puntos que contiene el Acuerdo por la Seguridad que firmaron los servidores públicos, sobre todo los relativos a la transparencia y rendición de cuentas, y eso de fomentar la famosa "cultura de la legalidad". Sin embargo hay puntos de suma importancia a los que debemos prestar mucha atención. Como dije más arriba, a mí me parece que lo más importante –lo elemental– es desarmar a los delincuentes. Quitarles el dinero y quitarles las armas. En esto va a ser crucial que se cumplan, al menos, dos de los 75 puntos, que son:
"IV. Formular y emitir una estrategia nacional contra el lavado de dinero. Las secretarías de Seguridad Pública, Gobernación y Hacienda y Crédito Público, a través de su Unidad de Inteligencia Financiera, así como la Procuraduría General de la República, se comprometen a formular el protocolo de actuación e investigación, inicio de averiguaciones previas y procedimientos judiciales para la obtención de sentencias condenatorias.
• Tiempo de ejecución: 6 meses.
Asimismo, las mencionadas dependencias se comprometen a elaborar y presentar la iniciativa para regular transacciones en efectivo".
Y:
"XV. Fortalecer el sistema de aduanas.
La Secretaría de Hacienda y Crédito Público se compromete a modernizar todas las aduanas del país con tecnología y a mejorar sus procesos e infraestructura para reducir el contrabando, en particular el tráfico de armas y de precursores químicos.
• Tiempo de ejecución: 2 años".
Como puede verse, ambos son compromisos que asume –además de las secretarías de Seguridad Pública y la PGR en el caso del primero– la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. A ejecutar uno en seis meses y otro en dos años. En ello habremos de estar atentos y dejaremos al tiempo su cumplimiento. Es nuestra prerrogativa y nuestro deber exigir a Hacienda que cumpla con esto o de lo contrario mandarlos al carajo y dejarles de patrocinar con nuestros impuestos su parasitismo institucional.
Cada vez con más frecuencia se compara lo que sucede en México con lo que sucedió y sucede todavía en Colombia. Si estos compromisos que firmaron los servidores públicos de México no se cumplen, los mexicanos estamos en la antesala de nuestra peor pesadilla y al borde del suicidio.
Mañana es la reunión (no se atrevieron a llamarle cumbre) de gobernadores para definir las estrategias de seguridad nacional. Crearán un nuevo "frente común contra la delincuencia". ¿Se la creen? Este país está de locos. Los delincuentes chicos persiguen a los grandes.
Ahora los políticos son poetas. "Cumbre de jefes de estado". "Cumbre de gobernadores". Amigos, yo estoy acostumbrado a leer o escuchar cosas como: "La obra de Fernando del Paso es una cumbre de la literatura mexicana"; "La obra de Fulanito es una cumbre de la fulanitud contemporánea, y quizá de la fulanitud universal". Pero que se reúnan Felipe Calderón y Marcelo Ebrard ¿en una cumbre?
La única cumbre que conocen esos dos diablos es la de su ambición. De una vez por todas hay que reconocerlo. Ellos no mandan aquí ni en China. Quienes mandan (sus jefes) son los criminales, y esos no se reúnen en ninguna cumbre sino en las alcantarillas.
La semana pasada murió el escritor Alexandr Soljenitsin. A manera de modesto homenaje al maestro ruso, publico aquí este texto que redacté hace un año, y en el que sorprendentemente las cavilaciones académicas (vagas, pueriles) de mi tesis, vinieron a encontrar su justa conclusión en un libro de Soljenitsin.
Requiescat in pace.
En 1973, un ex prisionero de Gulag (Aministración Suprema de Campos Correctivos de Trabajo) llamado Alexandr Isáievich Soljenitsin publicó una monumental obra llamada Archipiélago Gulag (1). Se trata de un retrato sobrecogedor de las colonias de aislamiento y trabajos forzados que operaron durante el régimen estalinista. Un archipiélago –conglomerado de islas múltiples–, que se asemeja a una colmena donde el trabajo se mide con pasmosa precisión.
La política de industrialización conducida por Stalin generaba inmensas necesidades de mano de obra, necesidades cubiertas mediante el arresto y condenación a trabajos forzados de millones de ciudadanos soviéticos. Gulag, como arquitectura, como fábrica y aparato de castigo científico, es un desconcertante perfeccionamiento de los principios utilitaristas de Jeremy Bentham.
“Este Archipiélago –país que moteó otro país, en cuyo interior se halla–, penetró en las ciudades, llegó hasta sus calles… Sin embargo, unos ni siquiera sospechaban su existencia; muchísimos, tenían de él una vaga noción, y sólo los que estuvieron allí lo sabían todo.
Pero guardaban silencio, como si en las islas del Archipiélago se hubieran privado de la palabra.
Gracias a un giro inesperado en nuestra historia, salió a la luz algo –poquísimo– sobre este Archipiélago. Pero las mismas manos que nos habían puesto las esposas, mostraban ahora las palmas en ademán conciliador: ‘No conviene… No conviene remover el pasado… Al que recuerde lo viejo, que le saquen un ojo’. Pero el proverbio acaba así: ‘Y al que olvide, que le saquen los dos” (Soljenitsin, 1974: 8).
En esta “industria carcelaria”, el mecanismo utilitario del panóptico se dilata anómalamente, trasciende la prisión y domina más allá de sus paredes. Gulag se desplazó a las calles, husmeando en la vida de las personas, penetrando en las casas “sin limpiarse las botas”. En el Archipiélago y sus alrededores todo mundo era vulnerable, no había “inocentes”. “Los Órganos casi nunca tenían razones sólidas para preferir el arresto de alguien en concreto; lo que les importaba era alcanzar las cifras establecidas. Estas cifras podrían lograrse mediante un proceso lógico, pero también fortuito” (Soljenitsin, 1974: 20).
En la periferia de esta fábrica que todo lo ve y todo lo controla, los prisioneros también observan, y también recuerdan. El Panóptico se apercibe con sorpresa de que ya no puede “ver sin ser visto”: se encuentra inevitablemente sujeto a la vista de los prisioneros.
Por otra parte, ya no ve ni controla todo: existen zonas de opacidad que le son completamente inaccesibles. Al margen de la mirada oficial, los prisioneros de Gulag intercambiaron experiencias, anécdotas, denuncias, información clandestina. Los aparatos oficiales, atrincherados en su clausura fundamental, controlaron la circulación de publicaciones, acumularon, ordenaron y restringieron la información, ocultaron lo inconfesable. Pero en las colmenas del Archipiélago, donde millones de prisioneros trabajaban furiosamente, la memoria palpitaba, y se comunicaba.
El testimonio de Soljenitsin capta con notable habilidad una serie historias y destinos humanos, vidas inmersas en un sistema de cálculo preciso (como dictado por una tremenda inteligencia superior), cuyo algoritmo era el trabajo científicamente forzado. En estas páginas el marchitamiento de las almas condenadas es narrado por boca de cada una de ellas. En medio de un torbellino de voces y lamentos que se cruzan, Soljenitsin tomó la pluma y escribió, pero en el libro no habla él, un autor, sino una multiplicidad de autores. Soljenitsin es un ojo que se asoma en los ojos de los demás para ver el mundo desde múltiples perspectivas. No una perspectiva, como en las mónadas de Leibniz, sino una multi-perspectiva. No un ojo omnimirante. Más bien un ojo Intersubjetivo.
Soljenitsin ocultó de la luz pública su libro durante muchos años. Su publicación hubiese puesto en riesgo la seguridad de muchas personas involucradas. En la primera página de Archipiélago Gulag advierte:
“Con el corazón oprimido, durante años me abstuve de publicar este libro, ya terminado. El deber para con los que aún vivían, podía más que el deber para con los muertos. Pero ahora, cuando, pese a todo, ha caído en manos de la Seguridad del Estado, no me queda más remedio que publicarlo inmediatamente” (Soljenitsin, 1974).
Al ser confiscado por el Estado, el libro ve la luz pública. Los viejos fantasmas que yacían ahí dormidos escapan ferozmente como los males y tormentos de la caja de Pandora. Y como en el mito griego, entre los males sale también la Esperanza. Quizá esa Esperanza fue la semilla de la ulterior política de Glasnost (apertura económica y libertad de expresión), impulsada a la par de la Perestroika en la todavía Unión Soviética de Gorbachov, hasta la caída de ésta en 1991, y la consiguiente abolición definitiva de la Nueva Política Económica de Stalin. Quizá no, quizá la libertad de expresión y la apertura económica que se practican en este nuevo siglo son nuevas formas –más sutiles, más diáfanas– de Panóptico, de Gulag.
Un régimen totalitario que, como el de Stalin, no soporta la luz, la detesta. Una forma de estado que opera en el secreto más crepuscular y por lo tanto no se puede ver. Hasta que nos aplasta.
“En 1972, cuando la sumisión no había reblandecido aún a tal punto nuestro cerebro, en la plaza Serpujovskaya, en pleno día, dos chequistas trataron de arrestar a una mujer. Ella se abrazó a una farola, gritó y ofreció resistencia. Se reunió el gentío. (Claro, se requería una mujer así, pero también una multitud así. No todos los transeúntes bajaron la vista, no todos escurrieron el bulto.) Aquellos apresurados mozarrones quedaron cortados. No podían trabajar a la luz del día. Subieron y escaparon. Lo mejor que podría haber hecho aquella mujer habría sido ir inmediatamente a la estación y largarse. Pero se fue a dormir a casa. Y de noche se la llevaron a la Lubianka [KGB]” (Soljenitsin, 1974: 24).
Las amarillentas páginas de Archipiélago Gulag cumplieron treinta y cinco años marchitándose en la memoria humana: murieron por fin el día que Soljenitsin murió. Ahora comienza su vida como fantasmas. No descansan y no están en paz.
(1) Por tratarse del idioma ruso y a falta del alfabeto cirílico, difieren las opiniones en el modo correcto de escribir el nombre del autor. Hay quienes escriben Alexandr I. Solschenitzin. El autor, Premio Nobelde Literatura 1970, narra experiencias propias y ajenas de la estancia en Gulag. Otro Premio Nobel de Literatura (1987) que estuvo preso ahí fue Joseph Brodsky, acusado de “parasitismo social”.
SOLJENITSIN, Alexandr. Archipiélago Gulag. Barcelona, Plaza & Janes, 1974.
"Si el trabajo da salud, que trabajen los enfermos"
No mucha gente sabe que el trabajo es la madre de todos los vicios. Es una desagradable verdad que corre a voces y escrita en varios idiomas (cada vez más una verdad de Perogrullo) y sin embargo la gran mayoría de la gente ignora o se niega a reconocer. Para citar sólo una fuente y no fatigar con verbigracias, transcribiré una memorable página de Javier Marías, que pone letra capital y punto final a la cuestión:
"Algo va mal, y además los Gobiernos nos vuelven locos: tras decenios convenciendo a los ciudadanos de que debían prejubilarse cuanto antes, porque nos encaminábamos hacia la 'sociedad del ocio', ahora (...) los desvergonzados Ministros de Trabajo europeos pretenden colarnos semanas de sesenta o más horas laborales, arrebatándonos derechos antiguos conquistados con sangre en su día, y sin que los miserables sindicatos actuales hayan convocado una sola manifestación ni huelga contra semejante medida decimonónica. En lo que nadie ha reparado, además, es en que quienes trabajarían esa insana cantidad de horas serían sólo los que ya sostienen toda la economía, esa parte de la población que no puede ya con su alma, y en la que figuran todos mis conocidos".
Lo usual es pensar que el ocio es la madre de todos los vicios. El ocio puede conllevar al aburrimiento, pero el aburrimiento es el punto de partida de la imaginación. O: el ocio es el terreno fértil que hay que regar para que sea posible conjurar el aburrimiento. Del ocio nace el ingenio, la libre asociación y la puesta en marcha de tareas heterodoxas que operando juntas se pueden llamar, en distintos grados, ciencia o arte. El ocio también permite explorar –sin prisa, sin agenda ni prejuicio– actividades tan fundamentales como rascarse la oreja o soplar pompas de jabón o jugar frontón en el techo con senos de silicón (o indagar la línea que separa la sonoridad de la cacofonía) o hacer el amor en posiciones extravagantes o calcular a ojo de buen cubero hasta dónde se acaba la lluvia.
No es baladí que el día del trabajo se festeje no trabajando. Si el día del trabajo fuera todos los días se trabajaría mucho menos y el mundo caminaría mil veces mejor y mejor. El desarrollo (qué palabra idiota nos inculcan las democracias, pero ni modo, ya la escribí y se entiende a qué me refiero) florecería por doquier como rocío estival y la felicidad dejaría de ser una mariguanada de Aristóteles; sería un estado natural. El día del trabajo sólo deberían hacerse las labores estrictamente necesarias para que el mundo se mantenga rodando, los servicios de: emergencia, energía eléctrica, transporte, policía y anexos. Pero eso no puede ser, porque siempre hay algún hijo de la chingada acuartelado en una oficina y trabajando con disciplina electrodoméstica para chuparnos la sangre a todos los demás y hacerse rico confiscando el producto para... guardarlo. Para no gastarlo nunca. Y es que hay otras actividades que no se pueden detener y que las empresas y el estado permiten, solapan y muchas veces apadrinan: espionaje gubernamental, defraudación fiscal, narcotráfico, trata de personas, guerras.
Los días que no son festivos por lo general se hace mucho trabajo inútil. Es difícil explicar por qué la mayor parte de la gente no cree que es inútil y por qué lo sigue haciendo. En realidad es un círculo vicioso, vamos por partes.
I.
Desde la niñez se inculca la idiosincrasia del trabajo excesivo como algo positivo. Uno debe trabajar tan duro como pueda para alcanzar la vida feliz. Entre más trabajo más dinero y por lo tanto más posibilidades de bienaventuranza y prosperidad. Eso sólo es cierto en parte. Es verdad que las posibilidades de prosperidad son mayores (y aun esto es cuestionable, porque hay millones de personas que trabajan hasta quebrarse el culo y son pobres), pero la realidad es mucho más compleja y paradójica que eso.
Siempre se dice que entre más progresen las grandes empresas se generan más y mejores empleos y la sociedad en su conjunto se beneficia. Mentira. Sostengo que este argumento empresarial es falso y nefasto como las chichis de Britney Spears.
La verdad es que cuanto más crecen las empresas más se concentra el dinero en unas cuantas manos. Esto no sería malo si no fuera porque, ya lo dije, regularmente lo que hacen los empresarios con el dinero es ahorrarlo, no lo gastan, y al no gastarlo coagulan la economía, obstaculizan el libre flujo del dinero que pregonan sus propias teorías económicas y nos ahorcan a todos. Si los más ricos del mundo en vez de juntar todo ese dinero lo gastaran, la riqueza se repartiría mejor y no sólo se generarían empleos mejor remunerados, sino que además, al haber más riqueza mejor repartida, habría menos necesidades de trabajar y más tiempo libre, más ocio (pero exactamente eso es lo que ellos NO quieren, que haya más ocio; por eso lo secuestran).
A los ricos no les conviene que la gente tenga más dinero y por ende más tiempo libre, no son pendejos. Ojo: el hombre Forbes más rico del mundo es Warren Buffet, con 62 billones de dólares, seguido de Carlos Slim con 60. Mantener sus fortunas cuesta mucho trabajo, millones de personas tienen que trabajar arduamente todos los días para pagarles sus propiedades.
Por eso ellos son los mayores enemigos del tiempo libre y por eso también, paradójicamente, necesitan capitalizarlo. Su fórmula es sencilla: la gente ha de estar trabajando la mitad del tiempo y la otra mitad consumiendo. Doble tiro de gracia.
II.
Bertrand Russell (quien, por cierto, escribió un magnífico elogio de la ociosidad) reflexionó que la mayor parte del trabajo sirve para pagar las guerras pasadas o futuras. Eso no ha cambiado, pero hoy en día sirve también para pagar una serie de comodidades y lujos extravagantes a los políticos y a los papas y a los empresarios obesos, en ocasiones ridículos y sumamente caros y que además contaminan el planeta de modo irreversible. ¿Por qué se nos pide al menos tres veces al día -o diez o quince- que compremos un auto nuevo? ¿No hay suficientes ya, por ejemplo para quienes vivimos en una ciudad como el DF, vergonzosamente contaminada, donde ni el agua ni el aire se pueden beber?
Otra vez: el trabajo y no el ocio es la madre de todos los vicios. No están tan pendejos esos licenciados sociólogos que hablan de una adicción al trabajo, el "workaholism". ¿Cuánto trabaja un workaholic? ¿Diez, once, trece horas? ¿Y qué es lo que hemos logrado con tanto trabajo? ¿En qué convertimos el planeta al trabajar con ese ritmo vertiginoso? En una inmensa máquina aceitada, colmena de trabajadores moviéndose a la velocidad del sonido hacia ¿qué? Más celulares enfermizos, con cámara para intercambiar videos que ni los simios son tan idiotas. Más ipods con sonido mp3 de pésima calidad. Más comida chatarra light.
En las ciudades, tecnologías de bolsillo y máquinas humeantes; a su alrededor, en la periferia, montañas de desperdicios y naturaleza muerta. Caños de mierda que abrimos para tirar al mar. Botellas y bolsas de plástico que fabricaron miles de laboriosas manos de abejas para arrojarlas como confeti a los lagos y a los ríos. ¿Para eso tanto trabajo?
El que me diga ecologista o niño verde o algo parecido váyase al carajo. A mí no me importa si se muere el planeta, todo tiene un ciclo, la tierra es un ser vivo y por tanto va a morir un día. Como sostiene el astronauta James Lovelock, la tierra está viva, los mares son conductos de sangre transparente, los ríos son arterias y el viento respira, el oleaje es el jadeo inconciente de alguien que duerme y sueña la vida de todos nosotros. Gaia: madre viva. Y si la tierra está viva, tiene que morir algún día. ¿Pero no viene a ser un poco tarde darse cuenta de que la tierra está viva cuando el planeta es ya viejo? ¿No vamos a terminar por tragarnos todo en este planeta, digerirlo y convertirlo en mierda, que es lo único que hasta ahora hemos sabido hacer? El mundo ya es viejo, incluso éste que alguna vez fue el Nuevo Mundo, ¿para qué necesita trabajar? ¿No lo podríamos jubilar?
III.
Las consecuencias de tanto trabajar: encarecimiento de los alimentos, crisis económica, contaminación del planeta, neurosis y fobias colectivas, estrés, multipolaridad, dependencia enfermiza de las tecnologías de información (tv, radio, internet, teléfono celular), ansiedad de estar en línea, disponible y localizable y fotografiable todo el tiempo, guerra preventiva y contra la sociedad civil por los recursos no renovables y por la reactivación del mercado de las armas, and so on and on...
Einstein decía que una buena definición de locura es hacer lo mismo siempre y esperar resultados distintos. Gran parte del trabajo que se hace en el mundo actualmente es inútil precisamente porque repite mecánicamente un conjunto ordenado de operaciones innecesarias que siempre dan el mismo resultado, por ejemplo, las "horas nalga" que trabajan los sindicatos o las industrias en serie.
Yo de ninguna manera propongo que nadie trabaje o que todos nos disolvamos en el limbo de la hueva. ¿Pero no sería mejor recortar las jornadas laborales a la mitad, el que trabaje diez que le baje a cinco, el que trabaje ocho a cuatro y así? Así habría menos trabajo inútil, menos tráfico en las calles, menos contaminación del medio ambiente, menos productos basura, menos ruido de máquinas en las calles, menos millonarios reinando como faraones en países pobres, como vergonzosamente sucede en México.
Habría más tiempo libre (estas palabras tan trilladas, tan gastadas como 'gag' o 'slogan' publicitario, pero que juntas tienen una fuerza única), más ociosidad fértil, más tiempo para estar con la familia y los amigos, conocer mejor a la gente y a la naturaleza, tiempo para conversar sobre los temas esenciales de la condición humana, tiempo para cultivar la imaginación, tiempo para divertirse y disfrutar la vida. El ocio dejaría de ser visto como una pérdida de tiempo porque el tiempo sería libre. El trabajador sólo iría cuatro o cinco horas a trabajar, iría tan descansado y despejado de la mente, tan libre de estrés y pleno de salud, que trabajaría con mayor vigor y eficacia, y así la productividad se elevaría al máximo posible: mejor trabajo en menos tiempo.
¡Pero carajo, otra vez estoy soñando utopías! Se me olvida que los países pobres adoran su esclavitud.