lunes, 11 de octubre de 2010

Ayer que fue domingo imaginaba a cada uno de ustedes buscando el modo de descansar y olvidarse de los problemas que tienen encima, espantarse el síndrome de mañana es lunes, el horror concéntrico de los domingos. Los imaginaba evadiéndose, en la televisión, en los videojuegos, en la música. O en el internet echando un vistazo a la vida de sus amigos vía Facebook, viendo las fotografías de tiempos más felices, escribiendo comentarios de a ver cuándo nos vemos que tímidamente son llamadas de auxilio, aderezadas con gracejos o caritas smiley para no parecer muy serios, la seriedad es tabú. Cuando se lleva una vida sedentaria hay que vivir huyendo del aburrimiento. La semana pasada escuchaba a un filósofo calvo y obeso decir que pasa demasiado tiempo rascándose la nariz, y que si al final de su vida hiciera un recuento de ese tiempo resultaría que se pasó varios meses rascándose la nariz. Bien podría contabilizar también el tiempo en que se rasca la cabeza, la espalda, los brazos, los muslos, los pies, y entonces resultaría, me temo, que la vida se le desmoronó en rascarse, una cifra alarmante de tiempo perdido. ¿Qué es el tiempo? ¿Un despilfarro cósmico? ¿Una imprudencia de Dios? Qué difícil resulta a veces dotar de sentido pleno al tiempo que transcurre, qué triste resulta no poder detener los momentos felices, congelar el tiempo y que la vida ya no se escape de nosotros, y también qué difícil es encontrar de verdad ese instante que querríamos que durara para siempre, la cima absoluta de nuestras vidas, desde la cual podríamos sentir el impulso que Goethe infundió a Fausto y decir: "¡Detente, instante, eres tan bello!" Resulta por demás complicado identificar ese momento, saber que será la cúspide, el desiderátum de toda una vida. Y, en realidad, no creo que sea muy grato identificarlo, porque en el fondo siempre quedará la duda y, más aún, el deseo de un instante más bello. Esa posibilidad se irá desvaneciendo conforme se acerque la muerte, y quién sabe si al final podremos distinguir cuál fue la cima de nuestra vida. 'Siempre' es una palabra absurda, mentirosa. La luna nos parece eterna, que siempre estará ahí, pero sólo la veremos un número limitado de veces, de hecho muy pocas, igual que los ojos de una niña bonita o la sonrisa de la madre. Y sin embargo, la luna también puede aburrirnos. La llegamos a ver con el mismo entusiasmo con que nos rascamos la oreja mientras bostezamos. Hay que buscarle alguna novedad para no llegar a odiarla o considerarla estúpida, otra ocurrencia chusca de Dios; hay que buscarle el conejo, imaginar que a lo mejor es un disco y que algún día saldrá volando y no volverá a ser vista por ojos humanos, o que es un holograma o una esfera de lata hueca que los antiguos pusieron en órbita hace millones de años. Sólo así la luna volverá a resplandecer y seguirá siendo objeto de maravilla, en la medida en que podamos encontrarla variada, nueva, inventarle historias emocionantes. Y así para todo. No es fácil ver por enésima vez la entrada de Los Simpsons y volver a encontrarla graciosa, quererla íntimamente, recordar porqué la serie es tan buena, porqué al final valió la pena haber pasado tanto tiempo frente a la tele para verla. Si no existe la capacidad de variación, si la vida llega a ser a tal grado monótona que nos parezca que la hemos desperdiciado en rascarnos la nariz, como aquel dizque filósofo, creo que nos exponemos a una cruel implosión de serotonina y a una depresión atroz.

Toda esta chaqueta senti-mental para compartirles la nueva entrada de Los Simpsons dirigida por Banksy (seguramente ya la vieron). Es amarga y al mismo tiempo hilarante. La gran comedia de nuestras juventudes perdidas está al aire en una cadena televisiva de right wing, propia de un país que exporta esclavitud y racismo, pero sabe hacerlo sacándote una sonrisa. Toda realidad tiene dos caras, un lado oscuro, como la luna.

5 comentarios:

SCC dijo...

Sin duda, pocas cosas son las que puedes repetir sin que dejen de perder magia (la luna, en mi caso, a pesar de que esté en cuarto menguante, me parece completa, entera, de significados). El sol y la luna y eso que llamamos naturaleza son quizá las pocas cosas que compartimos todos los hombres, incluso en su variación algo hay de familiar.

Como siempre, un gusto leerte y me alegra que sigas escribiendo y que llenes los huecos que otros hemos dejado en este mundo del blog, del que aún creo que es superior a cualquier otro de "vida" virtual.

Saludos

Anónimo dijo...

Es cierto, algunas veces es díficil encontrarle al tiempo un verdadero sentido, y más aún, uno que en verdad pueda dejarnos satisfechos (al menos en mi caso).

¿Una imprudencia de Dios?... si, claro, en muchas ocasiones...ah, no es cierto jejeje.

Aunque déjame decirte que sé de alguien que para mí posee el maravilloso don de detener los momentos felices y hacerlos perdurar, cosa nada sencilla.

Una vez más excelente, aunque permiteme decir que no me extraña eh, siempre tienes ideas geniales que para fortuna de muchos compartes !!!

Anónimo dijo...

La que arriba escribe es La Bruja, uupps, un error de dedo.

La Bruja dijo...

Estas imágenes son un super complemento para la entrada que has escrito, es algo así como la cereza del pastel.

Fíjate que nunca había visto esa parte eh, me parece muy creativa, has hecho una buena elección !!!

magdalena dijo...

Muy bueno lo que has escrito,los humanos somos como el símblo de el gin y el jan con nuestras partes oscuras y las luminosas y con eso no nos queda más remedio que aceptar y vivír