lunes 5 de diciembre de 2011

La silla del águila

En El congreso de literatura, el escritor argentino César Aira imagina que un científico loco concibe el descabellado proyecto de clonar cientos de veces al mexicano Carlos Fuentes hasta formar un ejército de ellos, con el propósito de mmm... dominar al mundo. A partir de este argumento, que no parece más que una ocurrencia chusca, Aira despliega una desopilante aventura surrealista con un final (marca registrada del autor) en el que todo termina vuelto de cabeza y pareciera que el mundo tal y como lo percibimos nunca volverá a ser el mismo. Fuentes respondió a esta broma imaginando, en su novela La silla del águila, que la Academia Sueca otorga el Premio Nobel de Literatura a Aira en 2020. Recuerdo que a partir de ello me dio curiosidad por leer la novela de Fuentes, pero la verdad es que no lo he hecho, entre otras cosas porque prefiero, como muchos lectores, al primer Fuentes: sus novelas-Sanborns nunca me han interesado aunque, honestamente, espero algún día reunir los méritos suficientes para leer Terra Nostra. Lo recordé ahora que el candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto, tras atribuir a Enrique Krauze la autoría de La silla del águila según él, uno de sus libros predilectos en la FIL de Guadalajara, ha sido blanco de innumerables burlas en redes sociales. Cabe preguntar: ¿quiénes de los que se burlan de los rebuznos de Peña Nieto han leído La silla del águila o sabían de su existencia? ¿Ahora resulta que todos en México somos "intelectuales"? En lo personal, no creo que un candidato presidencial deba necesariamente saber mucho de literatura. Mientras sea un buen gobernante, ¿qué me importa si es lector de Jünger o si es capaz de entender Finnegans Wake? Pero se supone que un buen gobernante debe tener una formación sólida en historia, economía, teoría política y sociología, y está visto que en ello Peña tampoco es precisamente una autoridad. Lo grave no está solamente en la ignorancia sino en la jactancia hipócrita, en el intento de hacerse pasar por lo que no se es. Mientras redactaba esta nota leí que el precandidato del PAN, Ernesto Cordero, criticó en una entrevista la pifia de Peña Nieto, diciendo que tiene serias dudas sobre su cultura general, y a continuación el panista dijo que entre los libros que más le gustan se encuentra La isla de la pasión, de Isabel Restrepo. ¡Cómo! ¿Quién? ¿Isabel Restrepo? ¿Una cruza entre Isabel Allende y Laura Restrepo? ¡Tartufo Cordero, dando lecciones a tu contrincante sobre el modo correcto de rebuznar!... Tanto Cordero como Peña han evidenciado que están tratando de hacerse pasar por algo que no son, que ninguno está preparado para ser presidente y sólo aparentan estarlo. Quizá por ahora les funciona esa "estrategia", pero a la larga se pagará caro: la hipocresía y la gazmoñería son las máscaras más caras. Aunque por supuesto no serán ellos quienes paguen...