miércoles 19 de octubre de 2011

Ingenuidad

Aún no se extingue el eco de las palabras finales de Miguel Ángel Granados Chapa: "Es deseable que el espíritu impulse a la música y otras artes y ciencias y otras formas de hacer que renazca la vida, permitan a nuestro país escapar de la pudrición que no es destino inexorable. Sé que es un deseo pueril, ingenuo, pero en él creo, pues he visto que esa mutación se concrete". Preveo que sus palabras se olvidarán pronto, igual que una brisa de otoño, y permanecerán como una sublime y lejana melodía en el corazón de unos cuantos. ¿Por qué? En México, el impulso a la educación, las ciencias y las artes está en su mayoría en manos de políticos ineptos, gente que asciende lamiendo pisos por una escala de poder sin una vocación clara y sin más méritos que la obediencia perruna que muestran a sus amos. Sujetos que van tras los huesos y sobras que les tiran sus jefazos, quienes los colocan en puestos públicos y comisiones legislativas en materias que regularmente desconocen por completo. Es el caso de la diputada que presidía la Comisión de Cultura de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, Edith Ruiz Mendicuti, quien afortunadamente, y gracias a un grupo de ciudadanos que firmamos una carta pidiendo su remoción, ya fue defenestrada. A esta mujer se le ocurrían ideas como censurar el heavy metal y el rock gótico, debido a sus "referencias al homicidio, el suicidio y el satanismo". Esta idea revela desprecio por la libertad de expresión pero sobre todo ignorancia, porque hay que ser ignorante para pensar que se puede prohibir un género musical en plena ciudad de México y en pleno auge de internet. Por el mismo nivel está el secretario de Educación, Alonso Lujambio, quien jamás ha publicado un solo libro sobre educación, carece de méritos para conducir la política educativa y obviamente no tiene por vocación el tema educativo, pues ya se aprestaba a botar la Secretaría de Educación Pública para buscar la Presidencia de México, aspiración que no concretó porque sus jefes le abrieron los ojos y le dijeron que ni en sueños podría ganar. Así se manejan estos señores, saltando de un cargo a otro, de una secretaría a otra, de una comisión a otra, como si se tratara de cualquier "chamba" o como si fueran todólogos (ja ja ja). La semana pasada, la directora del IPN, Yoloxóchitl Bustamante, puso el dedo en la llaga al decir que la educación ya no se puede dejar en manos de los políticos. Bustamante propone una coalición de rectores que conduzcan la política educativa, pues son ellos quienes conocen a fondo el tema y no los políticos saltimbanquis. Lo mismo habrá que decir sobre la ciencia y la cultura. Que su impulso y el presupuesto correspondiente sea manejado por quienes tienen vocación, por quienes desean hacer carrera en ello y no están ocupando un cargo burocrático porque "fue lo que les tocó" y esperan la primera oportunidad para abandonarlo. Ya empecé a hacer guajira, a creer en propuestas ingenuas. Quizá lo que necesita este país es que abandonemos la manida postura "real politik", tan extendida entre una ciudadanía que parece haber perdido la capacidad de asombro y la confianza en que es posible un futuro mejor, y regresemos, como Granados Chapa, a los deseos aparentemente imposibles, a la ingenuidad.