miércoles 27 de abril de 2011

El prefecto de Roma, Giuseppe Pecoraro, estima que al menos un millón de peregrinos y turistas lleguen este domingo a la plaza de San Pedro y sus alredededores para presenciar la beatificación de Juan Pablo II. La supernova mediática será vista en vivo (y en muerto, diferido) por miles de millones de católicos y no católicos en varias partes del mundo. Ahora Karol Wojtyla será: (a) Un gigantesco fantasma flotando vía satélite en millones de conciencias. (b) El primer santo que despacha milagros por Twitter y Facebook. (c) Mi hermano del alma, realmente el amigo. (d) Poca cosa, comparado con Juan Pablo I, el Papa de la Sonrisa.





Se atribuyen a Karol Wojtyla a.k.a. Juan Pablo Reloaded milagros del tipo médico-mágico-curativo, como la sanación de una monja aquejada de mal de Parkinson en Francia, la rehabilitación de un niño desahuciado por leucemia en México, la fertilización de una china estéril en Canadá, la curación de una niña que padecía hidrocefalia en Paraguay. El procedimiento de Juan Pablo II siempre es el mismo. Les toca la cabeza, les pide que recen, también él se pone a rezar. Y voilá. Es todo. No hay demasiada espectacularidad en sus milagros. No hay multiplicación de panes ni permutación de la sangre en vino ni sermones a los peces como el de San Antonio de Padua. Este extraño santo, que aburría a los hombres con sus sermones, se sintió incomprendido y un día concibió el propósito de mostrar el error que cometían quienes le daban el avión y se puso a predicar a los peces, quienes acudieron formando un círculo a su alrededor, lo escucharon con la boca abierta y no partieron hasta recibir su bendición*. Hay que ser artista en los milagros. Juan Pablo II no lo era. Se dedicaba a repetir el mismo milagro, sin mayor creatividad que poner la mano en la cabeza de los enfermos y rezar. Hacía buena mancuerna con Dios: uno causaba el problema y el otro lo solucionaba. Donde Dios ponía una enfermedad, él la curaba. No había final, porque el número de curaciones era siempre inferior al número de enfermedades. Hay una razón para que los milagros de Juan Pablo II sean de tipo médico-mágico-curativo. La Curia Romana no es tonta, conoce el modo de actualizarse al mundo contemporáneo y sabe que si atribuye a Juan Pablo II un milagro surrealista como el de los peces, la tildarán de loca y se reirán cruelmente de ella en las redes sociales (¡oh, las santas redes sociales!) El mundo está enfermo y necesita papas que sanen. Las curaciones de Juan Pablo II son milagros modernos, compatibles con Facebook, Twitter y Formspring en el modelo más sofisticado de Blackberry que os podéis imaginar**. Generalmente se pasa por alto otro de los milagros de Juan Pablo II, acaso el más importante: la multiplicación de los beatos. Sin embargo, Wojtyla, el papa que más beatificó, con un récord de mil trescientos treinta y ocho nuevos beatos, más que todos los papas anteriores juntos, no beatificó a su tocayo-menos-uno. El Papa de la Sonrisa duró treinta y tres días como pontífice. Dicen que lo asesinó la Curia, pero la Curia dice que se suicidó. El Papa de la Sonrisa quería "echar a los mercaderes del templo" y su lema pontificio fue "Humilitas" (humildad). Se dice que los mercaderes lo asesinaron y hay voces en la iglesia católica que piden su beatificación como mártir. Fue sucedido por Juan Pablo II, el papa viajero cuyo lema pontificio era "Totus tuus" (todo tuyo), que besaba el suelo de cada país que pisaba y que en 26 años de pontificado revolucionó una industria de la fe que actualmente conduce ríos centelleantes de dinero hacia el Vaticano. Albino Luciani, el humilde y breve Papa de la Sonrisa, murió el 28 de septiembre de 1978. Nadie supo de qué sonreía.

* La Basílica de San Antonio de Padua resguarda la lengua que pronunció el sermón a los peces. La Santa Lengua se conserva en un relicario de plata dorada, obra de Giuliano da Firenze, y es considerada un milagro perenne. Se dice que al abrir el ataúd de San Antonio para ofrecer las reliquias a la adoración de los fieles, la Santa Lengua fue vista todavía incorrupta por San Buenaventura, quien, lleno de admiración, exclamó: "¡Oh lengua bendita, que siempre bendijiste al Señor, e indujiste a los demás a bendecirlo; ahora vemos con claridad cuántos méritos adquiriste ante Dios!" Su mandíbula fue robada en 1991 de la Basílica de San Antonio en Padua.
** La Curia se moderniza y no sorprendería mucho que en este siglo se les ocurriera pontificar a la primera Mama.