lunes, 14 de febrero de 2011

No tengo tele en mi cuarto porque sé que si tuviera una no dejaría de verla. Desde niño soy adicto a la tele. Una escena familiar que me asalta en sueños representa a mi madre suplicándome que apague el aparato (así decía ella: el aparato) y me largue a dormir de una vez por todas. Siempre la desobedecía y me limitaba a bajar el volumen de La Dimensión Desconocida, una pesadilla de la que nunca he logrado despertarme del todo. Crecí escuchando a la gente perspicaz decir que ver la tele en exceso puede dañarte el cerebro. Conozco historias de personas que se recetan varias temporadas de Doctor House de un tirón en un fin de semana, abandonadas a un estado cuasi vegetativo de satisfacción, y no parecen dañadas del cerebro. Parejas que organizan maratones nocturnos de Dawson's Creek (elección de ella) y The Sopranos (elección de él) y acaso reparan, por contraste nostálgico, en cuán incolora y trivial es su historia en comparación con la de los personajes que desfilan en la pantalla. Niños japoneses que a pesar de la epilepsia simplemente no pueden dejar de ver Pokemon. Señoras que terminan con el cerebro cocido o hecho puré de tanto ver telenovelas mientras cocinan. Historias muy tristes. Ejemplos hay muchos y no estoy aquí para aburrirlos con todos ellos. Tampoco quiero perorar, como podría colegirse, sobre el "deber leer" o sobre el cambio social que algunos juran brotaría sin cuento si determinada nación leyera más. Los libros valiosos no necesitan espadachines. Lo que se intenta hacer en México es poner de moda leer, llevar los libros al catwalk, y puedo asegurarles que tendrán éxito (leer se pondrá de moda y Paulo Coelho venderá más libros). Pero no esperen que la lectura solucione algún problema social, o que no genere problemas nuevos. Genios: el verdadero fomento de la lectura es convidar las palabras, no pedir deseos.

2 comentarios:

Conciencia Personal dijo...

Querido amigo:

En México nuestro flamante Secretario de Educación, Alonso Lujambio, con su programa de lectura pretende que los mexicanos lean, cuando él, está en la estadística de los que leen dos libros al año. Con campañas no se resuelve nada, la lectura se fomenta desde la infancia hasta convertirla en un hábito.

Besos convidados. Monique.

Conciencia Personal dijo...

Fer:

Te dejo un beso de primavera, Monique.