lunes, 15 de febrero de 2010

Diamanda Galás


"Mi padre siempre se opuso a que yo cantara

porque en Grecia las prostitutas cantan

en la calle para anunciar sus servicios”



Pese a ser una artista superdotada, Diamanda Galás parece completamente inaccesible al gran público. Sibilina, fatídica, casi siempre pasará entre los rebaños como un desagradable fantasma del que es preferible huir. No puede ser de otro modo en una época que erige a sus ídolos con simpleza y rapidez. Diamanda lo sabe y no se toca el corazón para reprobarlo.

En 2008 fue a España y alguien le preguntó por cierto libro en que es comparada con Madonna. «Madonna es una empresaria», dijo, «que sabe venderse a sí misma. No es una artista. Manda a sus amigos a detectar tendencias y luego las utiliza en sus espectáculos; ella misma lo ha reconocido. Eso nada tiene que ver conmigo». En otra ocasión le preguntaron si le gustaba alguna de las cantantes de la llamada «escena alternativa». Diamanda respondió: «Odio a todas esas putas. Ninguna tiene la más mínima técnica y por eso se refugian en un par de registros tópicos. Uno es ese tono tímido de anglosajona virginal. Otras se van al extremo contrario: inflexiones guturales en plan macho. No dan mucho miedo, la verdad. Björk tiene una voz potente, pero un disco entero me aburre. Interpreta siempre las mismas melodías, usa los mismos soniditos. A veces, en algún disco, parece desafiarse a sí misma, pero en general suena monótona. Me encantaría defenderla, pero no soy capaz. Para mí hace música para restaurantes». De los Beatles, titánicos ídolos, semi-intocables, dice Diamanda que su música es simplona y está hecha para «happy stupid people». De Amy Winehouse, en cambio, habla maravillas: "La escucho y sé que ha estudiado. Su fraseo es perfecto. Su tempo también". "Sus problemas con las drogas me dan igual, pero espero que viva muchos años".

Desde hace algún tiempo, Diamanda Galás está en guerra abierta con EMI para demostrar que si bien el gran público no comprará sus discos, sí existe mucha gente que se interesa por la música nueva y desafiante; que aprecia la calidad y la devoción artística. Ella confía en que los melómanos de nuestro tiempo no son, como parecen creer los ejecutivos de EMI, idiotas sin buen gusto, incapaces de reconocer los méritos estéticos de sus materiales.

Por lo que sé, Diamanda ha recibido poca atención en México. El sábado se presentó en el Lunario (no lo llenó, pese a que el aforo es de sólo 500 personas) con el espectáculo Ta Filia Sou Einai Fotia (Vuestros Besos son como un Fuego). Creo que no se llenó el Lunario porque el precio es alto. En el sitio oficial del recinto dice que cuesta $666 (¡!); pero si lo compras directamente en taquilla te cuesta $532. Yo no pude ir –mi boleto es para la presentación de hoy, ya les diré cómo me fue– y tengo mucha curiosidad por saber qué pasó; estuve buscando reseñas y no he encontrado ninguna. Ni El Universal ni La Jornada ni Reforma en sus versiones online hablan del concierto, pese a que en los tres hay listas de “lo que no hay que perderse en 2010”, en las que figuran los conciertos de Diamanda. Parece que citan a Diamanda por dar el gatazo, pero en realidad no les interesa demasiado –en cambio, la sección de espectáculos de El Universal destaca la nota: "Madonna, obsesionada por las arrugas", mientras que Reforma reseña la visita de Madonna al Sambódromo de Río de Janeiro (¿?). Estos diarios dicen que no hay que perderse el concierto de Diamanda pero ellos se lo pierden.

En fin, ya me extendí demasiado, voy a concluir. Creo que la música de Diamada Galás no es tan inaccesible. Se puede llegar a ella con la misma voluntad necesaria para ver una película o leer un relato de horror. Propongo aquí tres temas que me gustan de ella. Sus manos saltan como arañas iracundas sobre el piano, tejen con música la fatídica marcha del caos, la muerte, el infierno… En sus temas no hay sólo alarde técnico sino verdadera crueldad, hambre de venganza terrible. Su voz se retuerce, aúlla como loba torturada. Música macabra, salpicada de notas dulcísimas que brotan como flores en el camposanto.

Lo que yo les pueda decir sobre ella es poco.

Insane Asylum. La diva hace gala de sus habilidades como pianista y canta sobre lo que puede suceder si se vuelve loca de amor. La letra fue escrita por Marianne Faithfull.



Abel et Caïn. Bella interpretación del famoso poema de Baudelaire. Pero antes de las palabras del poeta dice otra cosa que ignoro, ojalá alguien pueda decirme qué es.



Exeloume. Espectacular alarde de fuerza vocal y pureza armónica.

2 comentarios:

SCC dijo...

Supongo que lo menos que puedo hacer como lector de tu blog -independientemente de mi ambición por conocer la música- es, después de encontrar dos menciones de Diamanda, escucharla con seriedad.

Y me parece que Diamanda es muy atinada con los juicios sobre Bjork. No hace mucho escuché una nueva canción de Radiohead y pensé que, para las alturas de este grupo, debería intentar reinventarse, como Bjork y tantos otros ya "canónicos".

Y, a diferencia de la música comercial, la música "oculta" nunca triunfará en un país como el nuestro, aún cuando ver a Diamanda sea gratuito, como sucedió con Bregovic en Santo Domingo.

Un gusto leerte, carnal.

SCC dijo...

Olvidé decir que lo último no importa, no importa si tienen o no éxito o al menos no para quienes gustan de apreciarlos, que son pocos. Ya.